Vito Dumas La leyenda continua
 
     Navegante Vito DUMAS   "La leyenda continua......."       
 

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Resumen del Libro VITO DUMAS Testimonio de la leyenda

de Roberto Alonso y Ricardo Cufré   

 
 

Aporte Realizado por Martín STERN

 
 

Pagina 7
Este libro comienza con una pequeña mentira de tapa : se informa que tiene dos autores. En realidad el autor es uno solo, un tal Vito Dumas, que sigue dando vueltas por ahí.

Esta obra no es una novela, son simplemente testimonios de unos pocos memoriosos que han tenido la osadía de navegar contra viento y marea durante décadas, atesorando en sus memorias lo que otros, los más, despreciaron por haber elegido la sordera, la mudez y la ceguera.

Pagina 13 y 14
Cervantes pone en boca de Don Quijote que ... "cada cual es hijo de sus obras" por eso Roberto Alonso y Ricardo Cufré en esta notable biografía de Vito Dumas, rastrearon a fondo en el recuerdo de los muchos escenarios que vieron a Dumas, e interrogaron a los que de un modo u otro lo conocieron.

Entre ellos me encuentro, acumulando años y recuerdos.

En 1923 Dumas profesor de natación, asombró a la afición con sus raids en el Río Paraná y en el Río de la Plata. En una pileta de la Capital Federal, se lanza de cabeza con un muy bajo nivel de agua y se parte el hueso frontal en un dramático accidente.

Quedará indeleblemente marcado con espectacular cicatriz, pero estos episodios dejan muchas veces cicatrices en el alma.

En medio del Atlántico, en 1942, Vito abre una lata de galletas y se sorprende con una carta cubriendo el contenido. Es de Inocencio, el modesto almacenero que ha contribuido con su trabajo, su tiempo y seguramente algo mas, en la provisión del barco. Es un saludo que lo alcanza en plena travesía, lejos de la partida. Vito se emociona, se llena de lágrimas en medio de su inmensa soledad.

En su recalada en Valparaíso, lo rodeamos un pequeño grupo de argentinos que convivimos en el mismo hotel y tuvimos el privilegio de concurrir a varios de los extraordinarios agasajos que los chilenos le ofrecieron.

La comida que le ofreció la Armada Chilena, con mas de un centenar de invitados y su cabecera de altas personalidades, escuchó los discursos de los que ofrecían el homenaje y luego el agradecimiento de Dumas. A pedido de algunos de los presentes, aceptó contestar algunas preguntas :

¿Cuál fue el momento más emocionante del viaje?

Cuando todos esperábamos la descripción de un temporal con las furias desatadas de la Naturaleza, Vito describió una calma chicha que duró cuatro días, al sur de Tasmania ...

"Donde todo el horizonte estaba cerrado de negros nubarrones ... el mar de aceite ... había entrado en el reino de la muerte, en el mundo del silencio. Entonces me sentí solo y abandonado. Tuve miedo ..."

Termino su patética descripción comparando esos momentos con una tempestad, "... donde hay vida porque hay lucha."

Un aplauso clamoroso selló sus mágicas palabras.

Una noche estrellada, el pequeño grupo que lo acompañábamos, salimos a caminar por los barrios altos de Valparaíso y el hechizo de la noche, la presencia de Dumas que nos trasmitía de la soledad en el océano infinito, culminó con un Ave María cantada por Vito, con su timbrada voz y su oído perfecto.

Fue un momento de emoción indescriptible que nos conmovió al enterarnos que, acurrucado en el cockpit del L.E.H.G. II, tapado con un encerado, en pleno temporal de su derrotero alucinante, era ese el canto que subía al cielo, como una plegaria, en la soledad más absoluta de un ser atormentado.

Siempre vivió en resonancia con los avatares de una vida inconformista; sus sueños despertaban con una prosaica realidad y otros nuevos sueños llenaban su espíritu, siempre en busca de algo que estaba mas allá del horizonte.

¿Cómo era Vito Dumas?

Un apasionado, un emotivo, un ególatra, un ser capaz de amar, y a veces de olvidar. Soñó la paz, la tranquilidad y su vida fue una lucha con la muerte y contra la maledicencia vil de los espíritus inferiores.

No fue feliz, ni fue capaz de sembrar felicidad.

Como dijo Oscar Wilde:

"... todos matamos lo que queremos. Unos con un puñal, unos con una palabra, unos con una mirada, pero todos matamos lo que queremos."

Fue un ejemplo de voluntad, y esa es la herencia que nos dejó a los navegantes.

Pagina 15
El presente libro pretende reivindicar definitivamente a este personaje deportivo mundano.

Esta falta de neutralidad histórica con que se trato a Dumas, imposibilitó su proyección heroica hacia las nuevas generaciones, con la misma fuerza con que en su tiempo nuestra gente le reconoció sus hazañas.

Reviviremos para ello, la vida de un hombre con defectos y virtudes, en un viaje por los caminos de un pasado en que, desafiando a la naturaleza en el límite de lo posible, destacó su inclaudicable voluntad de superación física y espiritual.

Por esta sola virtud, merece la permanencia en el recuerdo de las jóvenes generaciones. Sin saberlo, ellas fueron las destinarías permanentes de sus hazañas náuticas, con las que Vito intentó inundarles el alma con la inspiración y el estímulo necesarios para poder vencer sus propios desafíos.

Pagina 16
Hemos intentado construir, letra a letra, esta muralla contra la mentira y la amnesia. Si la trayectoria náutica y la memoria de Vito son revaloradas por quienquiera que haya leído este libro, entonces nuestro esfuerzo y el aporte de quienes nos acompañaron no sólo estarán reconocidos en demasía sino que, además, se nos habrá permitido realizar la más noble y gratificante de las tareas humanas : hacer justifica.

"Este libro es un homenaje a los navegantes

cuyas singladuras son compartidas entre dos :

... el barco y su capitán."

Pagina 17
Hace mucho tiempo que comenzó la desfiguración o invención del pasado remoto. Aprovechando la increíble ignorancia histórica de nuestros contemporáneos, floreció en los últimos decenios una serie de cuentos o ficciones, cuya finalidad fue despojar al hombre de sus raíces, e introducir la falsedad en el subsuelo de la vida por medio de la mutación histórica.


De esta deformación de la historia reciente, que la gran mayoría no vive como tal y que además deja un sedimento cotidiano que a fuerza de su acumulación deviene sólida verdad, fue victima Vito Dumas.

Pagina 18
Aquí nos rendiremos ante las evidencias, que expondremos algunas conclusiones, que serán enfrentadas a la gran fábula que trató de empañar desfigurando al hombre, y con ello, a las raíces de la más grande epopeya náutica individual conocida, patrimonio mundial y nacional. Moneda que no abunda.

Pagina 21 y 22
En el Buenos Aires de 1900 los shoppings eran diferentes a los actuales. Como los trainways, estaban tirados por caballos, no por vanidades.

El panadero, el hielero, el ollero, el lechero, el pescador y toda una gama de soluciones domésticas en carros, matinal shoppings ambulante, transformaban a las amas de casa en verdaderos gerentes de compras.

Los domicilios familiares no eran sólo eso, también cumplían otras funciones. ¡Cuántos empleados y dueños de comercio iban a almorzar a lo de alguna Doña Sara que, para hacerse unos pesos, todos los medios días hábiles recibía algunos comensales en su casa!

Esas Doñas no tenían tarjetas de crédito.

Los veintiséis abundantes almuerzos de buena comida casera se cobraban religiosamente los primeros días del mes siguiente.

Nadie las bicicleteaba, y si alguien estaba falto de dinero, simplemente lo hablaba con la Doña y tenía acordado instantáneamente su crédito gastronómico durante el tiempo necesario.

La palabra oficiaba de suficiente aval, y la condena por no cumplir era terrible : Que se supera en el barrio ....

Pagina 22 y 23
En la amplia casa de la Avenida Santa Fe 3071 se encuentra un matrimonio ante la inminencia.

El es italiano como sus padres : todos oriundos de la Ciudad de Ferrara, en la Emilia Romagna; y tiene treinta y ocho años. Ella, argentina como los suyos y a punto de dar a luz en cualquier momento; escasos diecisiete.

La reciente primavera estrena una nueva mañana y son las 10 y 40 hs. del último 26 de setiembre del siglo pasado.

En esa casona palermitana, devenida maternidad como era la costumbre, había ansiedad, oración y quejidos de dolor.

Exactamente cinco minutos después, la ansiedad fue certeza, la oración agradecimiento y los quejidos de alegría.

El matrimonio de Victorio Dumas y Vicenta Grillo tenía su primer hijo.

Don Vittorio, en un vano e itálico intento de querer alargar su propia vida, llamó Vito al recién nacido ...

Por imperio del destino, esa criatura cumpliría entre otras, la más estupenda de las tareas: Pasear, por todos los mares del mundo en pequeños veleros y navegando en solitario, el pabellón de la patria que lo cobija.

Sería ese niño, el asta de la bandera que flamearía en las procelosas aguas de remotas regiones, teniendo a Dios y a las estrellas por testigos y, ocasionalmente, a algún buque de ultramar que, admirando a ese único tripulante, lo saludará arriando su pabellón en homenaje al del azul y blanco del minúsculo velero ...

Desde pequeño Vito fue soñador, imaginativo, audaz.

Su vocación por los deportes se insinuó bien pronto. El agua, la pelota, los barquitos, los guantecitos de box, le atraían poderosamente.

Las revistas, los libros, las láminas en que figuraban personajes de aventuras, constituían la mejor recreación para su espíritu inquieto.

De cada una de esas actividades que gustó desde niño, años después devendría gran figura.

Pagina 27
A los quince años, son los deportes de agua los que atraen más la atención de Dumas : la natación en las variantes de pileta y aguas abiertas, y el yachting.

Sus comienzos como boxeador en el Almagro Boxing Club, no lo habían ilusionado tanto. El balance entre dar y recibir resultó desfavorable, nos cuenta su amigo y médico personal, el Dr. Enrique Gualdero Páramo, recordando relatos del propio Vito.

Para las prácticas de waterpolo y natación en pileta, utilizó las instalaciones de la Y.M.C.A. donde el tano Tiraboschi ya ejercía como profesor. Como ya era habitual en todos sus proyectos, Vito arremetió con furor en la natación. Hubo dos razones para que el propio Tiraboschi lo llevara a G.E.B.A.. El perfeccionamiento de su estilo, y su inclusión al más alto nivel de la natación nacional, que se encontraba en esa institución. Años después, Vito Dumas sería el segundo instructor de natación en ese club.

El ídolo en la especialidad era Tiraboschi, quien llegado de su Italia natal, arrastraba la fama de imbatible.

Pagina 28
Verano de 1916. Un amigo llamado Olivera lo invita a navegar en alguno de los Collens que tenía el Tigre Sailing Club.

Sin duda era uno de los nueve que esa institución tenía para solaz de sus asociados : Pearl, Beryl, Esmerald, Ruby, Jasper, Topaz, Diamond, Onix y Sapphier, todos pintados de distinto color.

A los 63 años, Vito mismo diría ...

"... aquel día descubrí que podía refugiarme conmigo mismo, y tener un gran alivio mental".

Quedo prendado para siempre de el la inmensidad del río.

Decidió que tenía que aprender a navegar, hacerse socio de un club náutico. Veía la posibilidad de matar dos pájaros de un tiro: perfeccionar su entrenamiento de natación en aguas abiertas y conseguir el equipo necesario para permanecer largas horas en el río, los botes.

Ese fue el camino que llevó a Dumas al yachting, como él mismo confesara años después.

Pagina 29
Para cuando Vito cursaba el segundo año de la escuela secundaria, la economía de su familia está muy deteriorada. En cierta oportunidad se da cuenta que sólo había dinero para que él y su hermano menor pudieran desayunar. Entonces decide abandonar los estudios y ponerse a trabajar.

Es una decisión personal, e inconsulta.

Obviamente sus padres se percatan de su deserción escolar y de sus changas, pero no le dicen nada.

Recibe las burlas de algunos de sus amigos, que no hacen mella en su determinación. Cuando puede, entrega en su casa los pocos pesos que puchereaba.

Es por aquel entonces que Vito toma otra decisión, ingresa a los cursos nocturnos de la Escuela de Bellas Artes. Tenía catorce años, y la pintura fue la pasión que ocupó más años de su vida.

Pagina 30 y 31
Vito había encontrado un lugar dónde conjugar sus deportes predilectos ... "Mamá, ya encontré el club donde puedo aprender a navegar y entrenarme en natación. Está acá cerca, en los bajos de Belgrano. Es el Náutico Belgrano. Tienen barcos para que los asociados puedan practicar"

En ese club, realiza un somero aprendizaje de los rudimentos náuticos, allá por 1921. Luego de bastante tiempo de navegar extraoficialmente, se asocia el 16 de octubre de 1924.

Este C.N. Belgrano poseía por aquel entonces una pequeña y heterogénea flota de veleros, que se hallaba a disposición de los socios. Según el reglamento interno, el socio habilitado a sacar una embarcación podía disponer de ella por el lapso de una hora. Esto muestra lo restringido de las posibilidades de navegar, en la intención de contemporizarlas con los intereses de los socios. Vito hacía caso omiso de este detalle. Esta conducta traería algunos problemas, como ya revemos.

Uno de los veleros que formaba parte de dicha flota, era el Cat Chubut. En los primeros años de vida del club, dicho barco fue utilizado repetidamente por otro gran audaz de nuestra historia deportiva : Jorge Newbery.

Dumas aún no estaba dedicado a la vela con exclusividad. Ello sería varios años después. Por estos años, nadaba mucho mas de lo que navegaba. De hecho, el 21 de febrero de 1921, realizó su primer raid de largo aliento : Tigre / Rivadavia, 26 kilómetros en 8 hs.

Pagina 31 y 32
Corría el año 1907 cuando Jorge Newbery decide invitar a un amigo suyo, el acaudalado Aarón de Anchorena, a volar en globo.

El día se presentaba espléndido y la brisa los haría cruzar el Río de La Plata sin mayores complicaciones.

Ya casi sobre la costa uruguaya, desde la barquilla – la misma en que no mucho más tarde, en 1908, el hermano de Jorge, Eduardo, se elevara para siempre – Don Aarón se enamora de estas tierras que está viendo en la margen sur del Río San Juan.

Decide adquirirlas y realizar allí un gigantesco parque donde albergar especies de plantas no autóctonas y finos animales. Concreta la compra de esas 11.000 has. De las cuales destina 1.800 has, para el cultivo de trigo, lino y maíz; 8.700 hs. para pastoreo de 8.500 cabezas de ganado y las 500 has. Restantes, las dedica a la creación de un parque maravilloso.

Comienza a forestar y construir las instalaciones necesarias para crear su edén. Usina, casco de estancia, criaderos de ciervos y nutrias, una hermosísima capilla de piedra, etc. El paisajista Carlos Thais -–ya famoso – es quien está a cargo de la estética del proyecto.

El mismo Don Aarón en persona trae desde Australia decenas de especies de Eucaliptos; desde la India ciervos Axis – tal vez los mas hermoso del mundo – y 500 jabalíes del Cáucaso.

Lleva adelante un ambicioso proyecto de parquización que no excluye erigir una verdadera obra de arte : la torre-faro que lleva su apellido y que aún custodia su descanso y nuestra seguridad cuando navegamos por la zona.

Este Edén, gracias a una voluntad y la paciencia generosa de las autoridades uruguayas – recordemos que allí se encuentra la Residencia de descanso del Sr. Presidente de la República Oriental del Uruguay – aún hoy pueden ser visitadas por los nautas, con el único e insoslayable compromiso de preservarlas.

Nuestra querida Barra del Rió San Juan fue descubierta desde la barquilla de un globo, atalaya de un visionario.

Pagina 32, 33 y 34
El incidente pudo haber sido fatal, si no lo hubiera rescatado un pailebote, a unos kilómetros río adentro.

Estimamos aproximadamente la posición del rescate entre la baliza Sofía – actualmente desaparecida – y el casco hundido del Ministro Di Tomaso, en la ruta seguida por esos chatos veleros de carga que iban en busca de la rubia arena de los bancos y las piedras de las canteras uruguayas.

"No olvido que en mi primera salida como capitán de ese pequeño barquito conseguí la compañía de tres amigos, que ninguno de ellos sabía nadar. En la mañana en que nos dirigíamos a bordo, les explicaba la conveniencia de fijarse detenidamente en lo que veían.

Pasábamos ante un policía y les decía en broma :

Mírenlo bien. No lo veremos más.

Al ratito yendo en un tranvía, expresaba :

¡Es lindo viajar en un tranvía por última vez!

Y así bromeaba mientras nos dirigíamos al barquito llamado Chubut, con el cual había navegado en lejanos tiempos Jorge Newbery, primera gran figura deportiva de mi país y que llego a poseer el récord mundial de altura en aviación.

Llegamos al barquito y me indignaba porque mis amigos le decían bote.

¡Se dice yate! – insistía yo ofendido - ¡Esto no es un bote!

Una mala maniobra del marinero que nos lleva con su bote al Chubut, y éste que se da vuelta.

Mis tres amigos y yo nos encontramos en el agua.

Por suerte para mis compañeros, el agua nos llegaba apenas arriba de la cintura; pero la ropa con que íbamos vestidos quedó imposible, los alimentos se mojaron y los tiramos.

En realidad no nos harían mucha falta pues el crucero se extendería, a lo sumo, a unos diez kilómetros, porque pensábamos llegar desde el paraje denominado Belgrano hasta Puerto Nuevo, navegando paralelamente a la costa.

Enderezamos el barquito, subimos nuevamente, desalojamos el agua y, como la vela estaba muy mojada, colgamos del mástil sobretodos y Perramus que llevábamos. La corriente nos arrastraba a rumbo y dejábamos que el Chubut fuera con ella en tanto se secaban la vela y las ropas. Pero al salir del reparo de la costa, el viento que soplaba comenzó a hacerse sentir en toda su intensidad y nos apartó de la ruta cada vez más. Ya avanzaba la tarde la situación se tornó crítica.

Mucha marejada, el viento Pampero cada vez más intenso, la costa la teníamos a unos treinta kilómetros, dos compañeros se encontraban inconscientes en el piso del barquito y el agua les cubría medio cuerpo. El único amigo capaz de ayudar con la maniobra era fatalista.

Y me decía :

¿Y ahora te vas a afligir?

Procuraba hacerle entender que así era imposible continuar por el frío reinante, porque cada vez más nos alejábamos de la costa; pero me repetía su estribillo :

¿Ahora te vas a afligir?

De pronto, una voz como de ultratumba dice :

¡Cuidado con el auto!

¿Qué auto?, pregunté alarmado.

Ese que se está cruzando ...

Me dí cuenta, lo decía uno de los mareados y que ahora se encontraba delirando.

Por fortuna, con la última luz del día divisamos un pailebote.

Le hice señas, se acercó y con una grúa levantó al Chubut con sus tripulantes. Al día siguiente, en letras de molde, leía en los periódicos : "El Yate Chubut ..."

Entonces, les dije a mis amigos en tono desafiante :

¿Han visto que es yate y no bote?

Desde esa aventura nadie más quiso acompañarme a navegar."

Pagina 36, 37, 38 y 39
"Yo explicaba de las conveniencias de saber navegar, de la bondad de la vida al aire y al sol, de que el hombre tiene que vivir más en contacto con la naturaleza, para comprenderla mejor, para sentirse un poco elevado espiritualmente. Pero después de esos discursos con los cuales quería convencer a algún amigo, inevitablemente escuchaba las mismas palabras :

No tengo tiempo.

En esas condiciones me iba a ocurrir como a aquellos capitanes a los que la tripulación se les declara en huelga y que al llegar a un puerto rondaban por los bares en busca de nuevos tripulantes, a los que convencían después de haberlos embriagado.

Aquella referencia periodística en la que el Chubut, el del Belgrano, aparecía como yate y no como bote, me había dado una gran satisfacción, pero también aventado a todos los amigos dispuestos a acompañarme. Sin embargo, cierta vez hallé a uno que, al parecer, no leía los diarios y sería una falta de gratitud si no consignara su nombre, pues gracias a él me hice navegante solitario.

Se llama Severo Viñas Urquiza.

El crucero era más largo que el anterior. Desde Belgrano íbamos a llegar hasta Quilmes, total de 25 kilómetros por el Río de la Plata, y sin perder de vista la costa ni un momento, a la que podíamos llegar a nado. Viñas Urquiza me acompaño.

Íbamos con viento norte – continúa narrando Dumas – a buena velocidad, cuando a unos 10 kilómetros de la partida le pregunté :

¿Severo, amarraste bien el ancla?

No había contestado cuando la botavara pasó por encima de nuestras cabezas como golpe de guadaña. Se había caído el ancla y estábamos fondeados. La levantamos y reiniciamos la marcha. Entonces mi compañero comenzó a quejarse de unos supuestos dolores en el lado derecho del vientre.

"Debe ser apéndice", exclamaba.

¡Paciencia! – le decía yo - ...ya vamos a llegar.

Cuando estuvimos atracados en Quilmes, al parecer arreciaron los dolores y mi amigo exclamaba :

"¡Debe ser el apéndice ...! ¡Sí ... sí ...! ¡Tiene que ser el apéndice! - ¡ Me voy ... adiós!", y salió corriendo.

Sólo atiné a augurarle que la operación fuera con toda fortuna, y quedé sólo con el Chubut..

Comencé entonces a buscar nuevo compañero. Solicité a pescadores, marineros, estuve en esa búsqueda durante dos días, y como no pude hallarlo, decidí volver solo.

Y desde ese día fui navegante solitario. A veces acompañe en regatas, pero casi siempre preferí andar solo.

Aquel Chubut, al que le decían bote y yo obligaba a que lo llamaran yate, fue mi compañero de muchas charlas con las estrellas, testigo de aquietados atardeceres en los que solíamos quedarnos a ver como se ahogaba el sol ...", - finaliza Vito su recuerdo.

Cuenta Julio Comercio que su tío, Comodoro del C. N. Buchardo, comentó muchas veces en familia y entre amigos :

"Era demasiado intrépido y había que pararlo, precisamente, por esa razón".

"Mi tío tomó una determinación, que sirvió para mantener una polémica hogareña que duro años, suspendió a Vito de las actividades náuticas.

El motivo fue no haber respetado los horarios reglamentarios para la devolución de las embarcaciones de entrenamiento del club.

Esta obsesión de ir más allá del horizonte – que los polinesios describen con una sola palabra. Kaimiloa – era el motivo de Vito en cada salida. El día nunca era tan largo como sus deseos, pero el divisar las lejanas cuchillas uruguayas y los cerros de San Juan iban haciendo nacer su amor por las largas y travesías.

En aquellos barcos pequeños y abiertos que los clubes tenían para sus asociados, regateaban y hacían cruceros los aficionados entusiastas que formaron la base, junto con Dumas, del yachting del Río de la Plata.

Practicaron una náutica ruda, silenciosa e ignorada, hecha de un gran afán; ese ansia inexplicable de salir en velero sabiendo de antemano que habrían de aguantarse muchas molestias.

Mojaduras, privaciones y frío, a cambio de navegar y haberse sentido capaz de soportarlo todo.

No hubiéramos tenido un Dumas sin esa escuela en donde se forjó. Eran las épocas en que lo espartano del equipo personal se complementaba con lo precario del aprovisionamiento. Haciendo gala de hombría y bohemia, se improvisaba una salida larga en cualquier momento, y también se transformaba en ella, alguna de paseo.

Se juntaban al instante las provisiones que hubiera al alcance de la mano, galleta, mate, arroz y cigarrillos.

"Un sudoeste inesperado transformaba al paseo dominguero en un cruce al Uruguay sin más aviso que, desde el puerto uruguayo, un llamado telefónico para informar al club que no pasaba nada ..."

-nos recuerda en su libro don Campos Aicua.

Eran también épocas de regatas en single-handed, semilleros de solitarios, que formaban parte de los estilos de esos tiempos para forjar navegantes guapos.

Cuando el viento no se le prestaba para navegar a vela, o hacía un excesivo calor, Vito fondeaba y fortalecía su musculatura y su resistencia en natación.

Luchaba a brazo partido –nunca fue tan oportuna la frase- contra la corriente del río.

La suspensión que como castigo por su intrepidez recibió en el C.N. Bouchardo, lejos de retraerlo de estas actividades, le sirvió como estímulo para plantear ante sus padres, la necesidad de la compra de un barquito propio.

No tendría que respetar reglamentos ni horarios para regresar a puerto. Otra vez la embajadora fue mamá Vicenta, y Don Vittorio aportó la solución sumando unos pesitos a los que Vito tenía, fruto de sus trabajos.

Vito rastreó la ribera y encontró, dentro de su presupuesto y del mismo C.N.Bouchardo, al que sería su primer velero.

 No hemos podido encontrar datos de la transacción –fue hace setenta años- pero transcribiremos una carta que el vendedor del cúter Atlántida remitiera a la redacción de la revista "Neptunia" con el motivo de aclarar algunos detalles erróneos que ésta publicación editara en un artículo anterior referido a Vito.

En la edición del mes de enero de 1943, pág. 37, de esa revista, se publicó bajo el título "VITO DUMAS, loco lindo", el artículo de referencia, del cual extractamos :

"Este barquito era una falúa que Dumas había hecho modificar,
agregándole una media cubierta y un quillote.

Tenía el aparejo cúter de cangreja.

Con él realizó frecuentes salidas durante un tiempo.

Sus conocimientos náuticos eran sumamente rudimentarios.

En realidad, estaba aprendiendo a navegar a vela en la escuela de la propia experiencia.

Los que lo conocieron en aquellos tiempos coinciden en destacar su audacia, aparentemente, la audacia inconsciente del novicio entusiasta".

En el número siguiente de "NEPTUNIA", quien vendiera a Vito su primer velero escribe :

"Buenos Aires, febrero 9 de 1943.

Señor Director de la revista NEPTUNIA :

En uno de los párrafos de su nota relacionada con Vito Dumas, habla de un barquito Atlántida que había sido falúa y que el nombrado Vito Dumas modificó.

No es así, el Atlántida era propiedad de mi padre, quien nos lo cedió a mi hermano y a mí, para hacer aprendizaje, y se trataba de una embarcación que podríamos llamar cutercito pues su equipo era bastante completo, hasta contaba con escandalosa.

Era un barco sumamente escorador pero con buen aguante, con el cual en ese entonces nos hacíamos unos cruceros bárbaros a Punta Morán, Mini, etc., animándonos, a veces, a competir con los últimos pailebotes, pues al poco tiempo desaparecieron casi todos.

Posteriormente, hablando con Dumas, quien demostró gran entusiasmo por el barco y ser gran deportista ...

(Dumas pasaba por su etapa más gloriosa de la natación al momento de esta compra, en 1925)

... siendo un verdadero enamorado del agua, se lo vendimos
completamente nuevo, ya sea en aparejo y pintura.

Puede decirse que fue una transacción amistosa.

Realizó un brevísimo aprendizaje y puedo asegurarle que a la tercer salida, se largó solito para San Fernando, prescindiendo de toda clase de lecciones, y lo más elocuente es que a los pocos días se largó para Colonia, realizando una buena travesía.

Discúlpeme el atrevimiento, pero es que el hablar del Atlántidad es algo que me conmueve y me hace añorar el pasado, tal vez sea por la edad o por el entusiasmo del principiante y por los buenos compañeros, algunos ya desaparecidos, el caso es que el mejor recuerdo que guardo, es de la navegación que hice en dicho barquito y lamento no saber que fin ha tenido. Sin otro motivo, saludo a usted con la mayor consideración.

Benigno Fernández

Pagina 39 y 40
"Era un barquito híbrido que navegaba muy bien, de popa redonda y procedencia inglesa, creo. En el año 1925 yo vivía en Colonia. Apenas recién comprado, unos días no más, recuerdo que Vito se viene navegando estrenando su nuevo barco.

¡Casi se "lleva puesto" el muelle! Menos mal que yo estuve allí y lo frené. Todavía no sabía navegar. ¡era un audaz!

El tenía 25 y yo 18. ¡Cómo nos divertíamos entonces!, -nos cuenta nuevamente este atesorador de anécdotas de Dumas, que es su amigo Caracciolo.

Dumas habías sido sancionado en el C.N. Bouchardo, entonces se asocia al Yatch Club Río de la Plata el 24 de agosto de 1925, siendo ya propietario de su primer velero.

Colonia y San Juan supieron de los reiterados arribos del Atlántida hasta bien entrado 1928, en que se va del club luego de vender su velero a los hermanos J.C. y E.T. Mulhall. Hacía un año que Dumas era padre, y la náutica no daba dividendos.

Aparentemente se aleja de la navegación, pues en año 1931 y a punto de embarcase rumbo a Europa en el vapor Nueva Zelanda, le comenta a su amigo Duval, que se hallaba dedicado de lleno a la radiofonía, como locutor.

Si bien Vito había tendido oportunidades anteriores de navegar, es entre 1925 y 1928 que en forma sistemática efectúa la práctica de la náutica.

Pagina 45 y 46
"El sábado 15 de febrero de 1919, a las 16:45 hs. entra el nadador italiano en las aguas del Río de la Plata.

Se abría allí. En el estuario más ancho del mundo, un nuevo horizonte de hazañas para la natación, nacía la esperanza de superar nuevas metas para los soñadores de las grandes empresas. Vito estaba allí, en su ambiente, pulsándolo todo, mirando, estudiando. No se perdía detalle de cuanto se hacía.

Era el primer raid en "El Plata", y por supuesto, estaba plagado de errores. De entre ellos, podemos recordar uno que pudo haber tenido consecuencias nefastas para su protagonista, nada menos que el gran

Enrique Tiraboschi :

El accidente se produjo en el extremo del mismo viejo muelle al cual hoy amarramos nuestros veleros cuando arribamos al puerto de la hermosa Colonia Vieja. Muelle que por aquel entonces estaba surcado por unas angostas vías sobre las que se desplazaban, ruidosamente, las vagonetas con cereal uruguayo para Buenos Aires, previo viaje en las bodegas de goletas y bergantines.

Estaba el nadador italiano en el extremo del muelle listo a comenzar el intento, untado su cuerpo con grasa y lanolina y con los anteojos colocados, que en esa época no eran de poli carbonato, como ahora, sino de cristal. Acto seguido, una espectacular zambullida de Tirasboschi que termina con el estallido de los anteojos al golpear en la superficie del agua. Por milagro, los ojos del nadador se salvan de la oscuridad eterna.

Vito miraba y anotaba en su mente estos errores, pero también registraba la escena romántica del italiano al soltar, en el mismo instante en que sus pies se separaban del tablado del muelle, una paloma mensajera que llevaba la hora de la partida.

"¡Que disparate!

Eso de tirarme desde allí arriba no lo haría yo." –comentaba más tarde entre los muchachos del equipo que asistía a Tiraboschi.

Una tormenta echó por tierra los deseos del raidista italiano, seguramente un Pampero, que siempre golpea con fuerza la costa uruguaya. Luego de unas 11 horas de nado infructuoso y en vista de que era inútil continuar, se le ordenó a Tiraboschi, que saliera del agua. Luego de mucho insistirle, y con gran pesar, el nadador cumplió con la orden recibida."

Pagina 46
"Doctor, me gustaría cruzar este río nadando.

Esto de ser un simple acompañante, un mero espectador, no me
convence ...

¡Vos estás loco! ¿Cómo te puede gustar esto?

¡Hay que tener el gusto atrofiado! Este tano es un caso de manicomio y si le seguimos el tren vamos todos a Vieytes o al fondo del río ...

Es que yo ..." – trataba de replicar Dumas.

"¡Sacate esos pájaros de la cabeza, no estás en edad de hacer semejantes esfuerzos. Tenés que madurar. Guárdate el entusiasmo para entonces, y ahora déjame tranquilo que este zarandeo me tiene medio mareado".

Pagina 47
Don Ernesto Caracciolo, nos sigue relatando ...

"... Una tarde, en el Club de Gimnasia y Esgrima, Vito se encontró con el doctor Grasso y Simón Rossi, a quienes expuso su proyecto.

No era la primera vez que lo hacía.

Muchas veces les repitió su cantinela y tantas otras escuchó la misma respuesta.

No tenés edad para eso. Sos muy chiquilín todavía ...

Mientras discutían el asunto, llegó Tiraboschi, Rossi le dijo a este : ¿Qué te parece Enrique?, este gurrumín quiere cruzar el Plata y quitarte el récord a vos. ¿Qué opinas?

Una mirada de conmiseración se dignó dirigirle Tirasboschi a Vito.


El tano, que aún estaba viviendo bajo el influjo de su aureola de triunfo, le remató un :

¡Estas son cosas de hombre!

¿O te pillaste con esos recorcitos de juguete que tenés?"

...

Dumas, herido en sus fibras más íntimas, le respondió :

"Si Ud. fue capaz de hacer eso, yo me animo a superarlo."

Pagina 49
"El mérito, me decía Dumas, consiste en cruzar el Río de la Plata y no, permanecer boyando en él.

Y para esto preciso que todos larguen el mismo día y a la misma hora.

Así, los inconvenientes y beneficios serán parejos por igual.

El campeón surge de una competencia, nunca de un hecho aislado donde pudo favorecerlo alguna circunstancia ajena a sus condiciones ..."

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"A fines de 1923 – nos sigue contando Caracciolo – la natación en pileta andaba floja, en cambio la del raid en río absorbía la atención de los aficionados y las preguntas en boga eran éstas :

¿Se podrá cruzar a nado el Río de la Plata? ¿Habrá en el mundo un hombre con tantas condiciones extraordinarias como para realizarlo?

Los técnicos de la época, Tiraboschi, Rossi, Ponisio, aseguraban que no. La palabra de estos maestros era sagrada.

Entonces la revista "El Gráfico" resolvió premiar con cinco mil pesos al nadador que consiguiera unir ambas márgenes.

Con este incentivo, la temporada se presentaba formidable para los raidistas. En el mes de diciembre de 1922, se anunciaba que una mujer intentaría el cruce. La opinión general era totalmente escéptica al respecto : si ningún hombre lo había conseguido, menos aún lo lograría una mujer."

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"Era un gran tipo. Estaba convencido que para influir en la juventud tenía que convertirse en un ídolo haciendo algo notable, algo que lo destacar entre el resto de los mortales. Así y sólo así escucharían su prédica y rescataría a los descarriados con el respeto que irradiarían sus proezas. Estaba destinado a convertirse en ídolo popular. Cuando batió el récord mundial de permanencia en aguas abiertas con más de 24 horas, en la oportunidad en que intentara cruzar el Río de la Plata, tenías sólo 23 años. Era mi ídolo"

Algo lamentable ocurrió pocos días después, cuando festejaban ese acontecimiento. Se juntó todo el equipo de G.E.B.A. para agasajar al nuevo recordman mundial. Almuerzo opíparo y bien regado. Como fin de fiesta se dirigieron a la nueva pileta de natación del Parque Chacabuco. Vito ensaya una clavada, sin conocer la cota de la parte menos profunda. Se partió el cráneo, en el hueso frontal.

Todos pensaron que se había matado. Chorreaba abundante sangre y perdió el conocimiento. Enrique Tiraboschi se tiró a sacarlo.

Urgente, el Dr. Godofredo Grasso lo llevó al Hospital Rawson.

Transcurrieron horas de angustia y vigilia hasta que, por fin, recuperó el conocimiento. El Dr. Grasso interroga al médico que lo atendió sobre las posibilidades de salvación : éste le responde :

"Se va a salvar ... pero los días que haya humedad trate de no estar cerca ... rájele"

Esta impronta en la frente de Vito, fijaría para siempre del apodo de "loquito" con que adornaron su apellido, y sería como un sello al cual remitieron, muchos años después, quienes evocaban su imagen.

En efecto, tuvimos oportunidad de hablar sobre Vito con varias personas alejadas totalmente del ambiente náutico, que no veían a Vito desde hacía décadas, y sin embargo, nos preguntaban :

- "¿Qué era eso que tenía en la frente ...?"

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Familiarmente a Vito le decían Chichito.

Su madre Vicenta Grillo – o abuela Vicenta, tal como la recuerda hoy su hijo de Vito – era la más fiel aliada en todos sus
emprendimientos, y mediaba ante Victorio Dumas, su esposo, para ayudar a Vito a alcanzar sus objetivos.

En la familia Dumas, todos recuerdan que el tesón de Vito era inamovible; cuando una idea se le metía en la cabeza, no paraba hasta ejecutarla. Ya desde muy chico dio muestras de una profunda decisión para alcanzar lo que se proponía. A los 18 años cae victima de la fiebre de la natación y a los 23 había batido el récord mundial de permanencia en aguas abiertas, en su primer intento de cruce del Río de la Plata.

Justo es decir que nunca sabremos si ese intento hubiera llegado a feliz término, pues sus acompañantes, embargados de una entendible euforia, lo retiraron del agua 5 minutos después de batir el récord impidiéndole continuar.

Una euforia onerosa para Vito, pues intentó seis veces más el cruce, y otras tantas fue abortado por tormentas de verano.

Este ejemplo muestra a las claras la dimensión del tesón de Dumas, característica de personalidad sin la cual hubieran sido imposibles sus triunfos en el mar. Estas coincidencias entre intentos de cruce y clima adverso valieron que le colgaran el simpático mote de El Capitán Tormenta.

Una acabada muestra de su desarrollada auto-confianza, ese rasgo de carácter que tenía Vito, la encontramos en propias palabras de él, escritas en 1926 y vueltas a publicar en medio de su primer cruce atlántico :

"- Tengo entendido que los vascos mantienen la supremacía de la testarudez, sin embargo, creo disputarles esa exclusividad.

Persistir es una de las palabras más bellas. Y tengo la convicción que todo hombre debe llevarla como divisa.

Es por ello que no desanimo en la seguridad de hallar otra oportunidad para vencer".

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"De Calais, se dirige a la localidad costera de Arcachon en el Golfo de Vizcaya, pues le indican que allí hay muchos astilleros para visitar y buenas ofertas de veleros.

Encuentra un viejo 8 metros internacional, fórmula antigua, llamado Titave II (su primer nombre fue Le You).

Adquiere este velero, al que había que hacerle una serie de arreglos dado el estado en que se encontraba.

Rápidamente cae en la cuenta de que el dinero que le queda luego de la compra no le alcanzaría para embarcar al Titave II en un carguero y fletarlo para la Argentina, pero sí para efectuar las reparaciones más necesarios y alistarlo modestamente.

Otra vez su tesón y una encomiable capacidad de generar proyectos alternativos le marcan el camino, volvería a su patria navegando.

Esta versión nos da Caracciolo de los orígenes del Vito Dumas navegante solitario coincide, además, con lo escuchado por Horacio Nino – discípulo de Dumas en la Escuela de Náutica Deportiva- de los labios del dibujante naval Jorge Iturbide, amigo personal de Vito.

Esta decisión ante la adversidad, no hace más que realzar una faceta de su carácter, que guiaría todos los actos de su vida : La tozudez, basada en una infinita confianza en sí mismo. Mucho más sintéticamente nos lo confirma Vito hijo, cuando en una de las tantas charlas que tuvimos sobre su padre, nos dijo claramente :

"Mi viejo fue un gran cabeza dura toda su vida, cuando se le metía algo en ella, no había Dios que se lo sacara".

La conclusión del proyecto está en sus propias manos, en su talento de navegante, en la confianza absoluta de lo que serán capaces de soportar su físico y su psiquis. Según Caracciolo :

-"... la imposibilidad de pagar un flete para el L.E.H.G. motivó que Vito decidiera regresar navegando"

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Dumas se autodescubre en este viaje. Un camino para destacarse del resto de los mortales se le presenta claro y se lanza decididamente desde Arcachon, a la vida de marino solitario, un nuevo rol que lo acompañara casi hasta el fin de sus días.

La recepción que se le tributa a su arribo a Buenos Aires en el rebautizado L.E.H.G. los premios y halagos que recibe de sus compatriotas, lo estimulan a seguir esa trayectoria definitivamente; unas 50000 personas lo esperaron en Dársena Norte, y no se sabe a ciencia cierta cuantas loa aclamaron en su paso triunfal por las principales calles de la ciudad, recibiendo una ovación de gigantescas proporciones. Ya se encuentra en Buenos Aires y, excepto una varadura en la playa de Mostardas, Brasil - causa del sueño, artero enemigo de los solitarios entonces, sin navegadores satelitales ni timones automáticos - ".. no tuvo mayores inconvenientes".

Su análisis le indica que su físico ha respondido bien a las necesidades de un navegante solitario. Curiosa aplicación del
resultado de largos años de un consecuente y agotador entrenamiento para sus esforzados raids de natación !

Lo ha decidido, su nuevo rumbo esta marcado : será navegante solitario. Casi sin quererlo y con el objetivo de traerse un barco de regatas, entra a la náutica por la puerta grande de la fama bien merecida. Ya tenia nuevos proyectos que lo encumbrarían aun mas en ese camino elegido.

Por lo pronto, el barco de regatas que había traído no servia para esos fines, habida cuenta de lo desvencijado que había quedado luego del tremendo esfuerzo realizado en el Atlántico.

"Si alguien me propusiera realizar nuevamente el viaje con el L.E.H.G. resueltamente diría que no. A quien se le ocurre, con un barco de regatas, desafiar el océano ?"

Declararía Vito posteriormente a su primer raid oceánico.

Vito sella su entrada en la historia legando el casco del vapuleado L.E.H.G. al Museo Histórico de Lujan "Enrique Udaondo".

El hecho de no incluir la arboladura en la donación, nos hace suponer que ya estaba pensando en la construcción de otro barco, adecuado para sus futuras hazañas. Seria el L.E.H.G. II el yate en el que arbolaria el palo mayor del L.E.H.G..

Un grupo de sus amigos, sabedores de la verdadera situación económica de Vito, deciden hacer una colecta y logran juntar $2.111,80 m/n., que se lo entregan a modo de compensación por su generoso gesto

De todas formas, a su regreso de Arcachon, Vito continua con sus clases de natación. Esta es la única época de su vida en que, trabajando en forma regular, gana buen dinero y lo invierte con sensatez; construye para su familia, la casa de Vicente López. Y para el, el doble proa mas famoso de la historia.

Corría el año 1934.

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Seria Arcachon donde encontraría la solución a sus nuevos proyectos ?

"Pregunte por un tal Bossuet, - le dijeron - ese hombre construye barcos".

Llamo a la puerta del chalet del Sr. Bossuet y se presento :

"Soy deportista - le dijo Dumas - tráteme como tal.

No poseo mas fortuna que mi entusiasmo, y mi gran ambición es brindar a mi patria algo que la distinga en el concierto del yachting mundial"

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Dumas, con sus palabras y proyectos llevo a su memoria el recuerdo de aquellos días venturosos de su juventud, en que también soñaba.

Convertido en maquina parlante, se explayaba con aquel hombre de nevada cabellera y de semblante que revelaba su natural bonhomía.

Atardecía.

"Lastima no tener nada adecuado para lo que Ud. Se propone, - le dijo Bossuet - pero .. si quiere echar un vistazo por el astillero, vamos antes que oscurezca".

Salieron. Un estrecho caminito los condujo al mismo.

Plantillas, cuadernas, esqueletos de barcos en construcción, fue lo primero que vio Dumas.

No le satisfacían, no era lo que el buscaba.

Mas allá, tapado con viejas lonas que el tiempo dejara fuera de combate, Vito diviso las hermosas líneas de un clase 8 metros internacional, formula antigua.

"- Ese ! - le señalo brillándole los ojos de alegría - Ese !

Que dice ?

Ese, ese mismo ! Ese barco quiero !

Pero usted esta loco ? Ese barco ya ha hecho su campaña, se ha cansado de ganar regatas !, y por lo viejo y gastado cumplirá con su ultima misión; dar calor.

Las hornallas de la cocina y la salamandra se lo devoraran este invierno. Saquéeselo de la cabeza !"

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"Y bien Sr. Bousset ... Me lo vende ?

Mi conciencia indica que no. Cuando estuvo en venta, aun con capacidad de navegar, nadie lo quería. Ahora, que su proa apunta al fuego, aparece un comprador, usted. Y nada menos que para llevárselo navegando hasta su país ! Con una mano en el corazón, póngase en mi
lugar y conteste usted por mi."

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"- Permítame, Sr. Bossuet, dormir esta noche en el barco. Ud. Sabe lo que esto significa para un marino. En la mejor cama del mejor hotel no podría conciliar el sueño tan bien como aquí."

Con una amable sonrisa y una palmadita en el hombro el francés le sugirió :

"... ese barco esta bien para navegar por aquí adentro, afuera no aguanta nada.

Ni que pensar en doblar el Cabo Finisterre !"

Otros recordaran que, con grandes barcos, estuvieron a punto de naufragar frente a San Juan de Luz, y hacían espeluznantes relatos acerca de esas contingencias. Tampoco faltaba el agorero que en tono burlón dijera que el L.E.H.G. no era un ataúd muy confortable, y que era preferible ser devorado por los gusanos de la tierra que por los tiburones del Atlántico.

Ha llegado, por fin, el día supremo para nuestro compatriota !

Tras largos cuatro años de tierra firme, su barco se apoyaría en su elemento natural; el agua. El cura párroco de St. Ferdinand lo bendeciría, mas el agua con que rociaría al L.E.H.G. fue olvidada en la iglesia. Un chico en bicicleta corrió a buscarla y al rato estuvo de vuelta. Mucha gente presencio el acto no sin cierta inquietud y recogimiento, pues veía en el algo asi como el sepulcro de ese hombre bueno y macanudo que se había hecho querer por todos.

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El cura párroco, después del ritual, quiso pronunciar palabras que no salieron, embargado de la emoción.

Se miraron en silencio, y aquel hombre de sotana que supo los
horrores de la guerra del 14, no pudo frente a Vito, contener unas lagrimas.

"Buena ... Buena ... suerte, hijo mío !"
Un abrazo fraternal y dos de aquellas lagrimas quedan con Vito.

Embarcaran en el L.E.H.G.

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Al día siguiente, luego de un inevitable achique, envergo foque, trinquetilla, mayor de capa y mesana.

No hizo falta mas.

Este silencioso llamado convoco a curiosos y a viejos lobos de mar que, interrumpiendo sus sabidas historias, bajaron lentamente al muelle.

Descompasadamente, los distintos ruidos del astillero fueron callando, respetuosos. Los obreros abandonaron sus hachuelas, masas y serruchos.

Los jóvenes se dirigían, como hipnotizados, hacia el reciente Titave II. Los memoriosos hacia el celebre Le You.

Pero todos leían, sin comprender, L.E.H.G.

Un velero había resucitado. Mostrado su brilloso casco blanco y un velamen hambriento.

Vito echo el ultimo borde en la vida del Le You.

Su proa ya no era el fuego sino la historia. Alimentaría fantasías en vez de estufas.

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Y soltó la amarra. Cuatro años hacia que no tripulaba un barco. Pero el marinero que había en el le procuraba seguridad.

Suavemente se deslizaba impulsado por la brisa respondiendo a sus finas líneas de gran clase. Excelente para regatas.

Pero llegaría a Buenos Aires ?

Resistiría su frágil contextura los embates del Atlántico ?

La mayoría de aquella gente que observa a Vito maniobrar con singular habilidad, coincidía en que ese barco seria su ataúd.

Una certeza enfachada permitió que el L.E.H.G. muriera justito con el boyarín al filo de la roda. Esta impecable maniobra de toma de amarra culmino con el tenaz ballestrinque al fraile y una ovación en el muelle.

Mounsier Bosset, el primer admirador de Dumas en Arcachon, estrechándolo entre sus brazos le dijo :

"Esto no se aprende. Para hacerlo hay que tener vocación.

Admirable ... Admirable !"

Dumas estaba listo a zarpar.

Por toda alimentación llevaba solo 3 kg. De papas, 2 kg. De pan, 1 kg. De azúcar, otro de café y uno de cacao. Dos botellas de vino, una de ron y 2 damajuanas de agua, las que estibo cuidadosamente.

En la compra de estos elementos invirtió hasta el ultimo franco; en el bolsillo le quedaban 20 pesetas que debía administrar hasta llegar a Buenos Aires.

El primer intento de partida, un 4 de diciembre de 1931 a las 16 hs, fracaso. Fuertes olas cortaron cuatro veces el cabo de remolque y además había tal niebla que los vigías del faro Cap. Ferrat no lo vieron pasar.

Volvió a la amarra, y luego de amarinar el barco, se encerró en la camareta; no estaba para nadie.

De pronto, su mirada se fijo en una pequeña cruz, caída en la sentina quien sabe desde cuando, oxidada por el salitre del mar.

Con todo cariño se entretuvo en limpiarla.

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El Golfo de Gascuña o, como lo llaman los marinos que lo navegaron, La costa de la muerte, era su primer desafió.

Helo allí, navegando sobre los cascos hundidos por la furia del Mar Cantábrico. Le habían aconsejado que se dirigiese a Jean de Luz, pero su plan no era ese. Su próxima meta era Vigo.

La proa del L.E.H.G. busco el Cap. Ortegal, para luego virar el Cabo Finisterre. En ese golfo que mete miedo, acudieron a su mente los recuerdos de las escalofriantes historias que - acerca del mismo - leyera cuando era un colegial.

Aquel pensamiento de Francisco Arago se le antojaba tetricamente cierto :

"Las olas nos ocultan los errores de los pilotos, así como la tierra cubre las equivocaciones de los médicos"

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Tomo una decisión; esa noche dormiría a bordo en el copckit, a la intemperie y junto al timón. No bajaría a la camareta, por temor a quedarse profundamente dormido.

El día 18 amaneció encapotado, presagiando una tormenta de antología, que no tardo en aparecer. A la altura del Cabo Peñas, las olas eran gigantescas. Los pocos barcos pesqueros que había, rumbeaban a puerto evidente señal de lo que acontecería.

Las ráfagas fueron aumentando, y con ellas la marejada, que alcanzo una altura sorprendente.

Se cruzo con el Juan Marín, un carguero.

Pudo ver a su capitán amarrándose la cabeza. Seguramente se preguntaba como podía alguien andar por esos parajes con semejante barquito. A su vez, Dumas pensaba en el peligro que corría aquel, al mostrar buena parte de su quilla, toda la pala del timón y la hélice girando al vació.

Grande fue su sorpresa al su sorpresa al comprobar que el agua que se colaba por las costuras ya llegaba a la altura de la cucheta y que, con el balanceo, le inutilizo los alimentos, mojo ropa y fósforos.

Saco algunos baldes de agua, tarea que bien pronto abandono pues su presencia era imprescindibles en el timón.

La navegación cada vez se hacia mas peligrosa conforme el huracán aumentaba de potencia.

Hambriento y con las manos llagadas luchaba denodadamente en ese mar, soportando temperaturas de hasta 18 grados bajo cero. Hasta el cuarto día de su partida había comido muy poco. Luego, masticar seria solo un recuerdo pues el agua había arruinado sus alimentos.

Siete días con sus noches sin pegar los ojos.

Pese a su estado calamitoso, debía sacar fuerzas para achicar el metro de agua que ya tenia adentro de su barco. De lo contrario, se cumpliría el vaticinio de la gente de Arcachon :

"Ese barco será su ataúd y por gusanos, los peces lo devoraran".

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Mientras cumplía con el trabajo de sacar agua, un fuerte golpe de ola le hizo perder el equilibrio, y al pegar con la nariz en un travesaño de las tablas del piso, perdió el conocimiento.

Poco a poco, y debido al frió, la sangre dejo de fluir.

Cuanto tiempo estuvo en ese estado ?

Tal vez poco, el agua fría que lo bañaba se encargo de volverlo en si.

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El día 30 lo avistan cerca de las Islas Berlincas.

Aparentemente el se hallaba bien, y aunque el mar estaba tranquilo, era simplemente la bucólica obertura de una opera tormentosa. El clima era pésimo, y el L.E.H.G. sufre la rotura de la abrazadera de la botavara del palo mesana.

Vito intenta arreglarlo y no puede evitar el accidente mas peligroso de su vida de navegante : cae al agua.

Previsor, había amarrado su cintura a uno de los cabos con que
trabajaba en cubierta instantes antes.

Quien navega sabe que abordar un barco desde el agua no es tarea fácil. A eso súmenle el hecho de estar agotado y en medio de una tormenta ...

Entre Portugal y las Islas Canarias, frente a Punta Anaya, Vito se encuentra con un barco mercante cuyo capitán lo visita a bordo del L.E.H.G. Este marino, días después del encuentro, informaría a la prense que frente a Lisboa, un furioso temporal de solo una hora y media de duración sorprendió al L.E.H.G., inundándole la camareta e inutilizando todos los víveres.

Desde entonces, hacia cinco días que Vito se alimentaba con lo único que quedo : Una galleta, a la cual le dio un mordisco por día, acompañado de un trago de ron !

Luego de tantas penurias, al fin un puerto en las anheladas Islas Canarias.

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Para que se tenga una idea de lo que este viaje y Vito comenzaron a significar para los argentinos, relataremos el siguiente episodio.

Se llevo a cabo un esfuerzo realmente sin precedentes, por primera vez en la historia de la radiofonía argentina, fue instalada una planta transmisora en un yate, cuya misión era interceptar al L.E.H.G. en el mar y efectuar el enlace desde a bordo.

Organizada por el diario "Critica", esta operación contaba con un sinfín de impedimentos técnicos, cuyas soluciones se desconocían por se esta la primer oportunidad en que se realizaba, pero se llevo a cabo.

El equipo transmisor lo posibilito uno de los radioaficionados mas importantes del mundo; el velero era propiedad del Sr. Pedro Iribarne, L.R.9 Radio Fénix seria la encargada de recibir la transmisión desde a bordo del L.E.H.G. y propalarla por todo el eter de Sudamérica. Tal, era la expectativa que se estaba gestando un mes antes del arribo de Vito a su patria.

Pero el hombre propone, y el mar dispone ...

La madrugada del 14 de marzo de 1932 se publicaba en caracteres
catástrofe : NAUFRAGO DUMAS, y se fue a pie a Río Grande.

Esta noticia desplazo el secuestro del bebe de Charles Lindberhg de la primera plana de los diarios. Lo increíble había sucedido.

Casi al llegar al fin del desafió, a las 04 hs. del día 13, al amanecer, fue despertado de su profundo sueño con un anuncio espantoso : la quilla de su querido L.E.H.G. golpeaba en las duras arenas de las playas de Mostardas, 75 millas al norte de Río Grande do Sul, costa brasileña. Solo, en aquel desierto de arena y mar, esperaba que la providencia le enviara algún sirviente.

Dios, que se hallaba navegando por esas aguas poniendo a punto el palo de su schooner Maria Maria, le envió tres paisanos montados a caballo que llegaron hasta el infortunado L.E.H.G. Dumas les contó su triste aventura.

Uno de ellos se ofreció a llevarle la noticia al Capitán de Puertos Sr. Pais Leme, quien rápidamente dispuso el envió de todos los elementos de salvataje. Una vez efectuado este, le repararon el barco dejándoselo en condiciones de volver a la mar.

Hermoso gesto el de esas gentes del país hermano. Vito mismo diría después que también recibió ayuda de una empresa industrial, del diario "Critica" y de un espíritu generoso ... Otra vez la sra.
L.E.H.G. ?

Como demostración de su agradecimiento, Vito obsequio al Club de Regatas de Río Grande do Sul la caña del L.E.H.G., la que aun se encuentra allí.

Rápidamente, en Argentina se comenzó a organizar la ayuda.

Se estuvo a punto de enviarle el velero Endrick para que pudiera finalizar su aventura, pero Vito aseguro que iba a reparar los daños del L.E.H.G. y llegar con el a Buenos Aires.

Un giro de dinero se le ofrece, al que Vito responde :

"No quiero plata, quiero atenciones.

Ahora me mandan $2000, mañana me mandaran $5000.

Yo no quiero plata.

No soy comerciante. Soy deportista."

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"Con algunos amigos habíamos decidido ir a recibir a Vito nadando. No bien llegamos al costado del L.E.H.G. nos dejamos flotar a su lado.

Comenzaron los saludos, nos estrechamos las manos, algún chiste, etc. . No embarcamos, sino que permanecimos en el agua, así tocando los costados de la nave.

Esto me permitió ver algo que, aun hoy, me causa escalofríos : mi pulgar derecho penetro cómodamente en la traca de cinta del L.EH.G. de lo podrida que estaba.

Cualquier persona que navegue, sabe perfectamente lo que esto significa."

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En 1930, muerto el Art Deco y nacida la "Década infame", la Argentina tenia un estilo típicamente rural, en que la sociedad reconocía rígidos estratos internos, algunos crecidos prestigiosos.

A modo de gigantesca panoplia arquitectónica y humana convivían, en la Ciudad de Buenos Aires, el desdén de los caireles de palacetes versallescos, con amplias casas menos lujosas; fruto del esfuerzo mas que de las herencias.

En el otro extremo de la ciudad y la escala social, los conventillos y barrios de chapa acanalada se resignaban a una estética urbana pintoresca, como aun se la describe entre quienes no tienen necesidad de soportarla.

En cada clase existían los modelos, estereotipos cuyas opiniones y conductas se imitaban.

El Yacht Club Argentina -fundado el 2 de julio de 1883 - concentraba lo mas "bien" de la sociedad argentina, cultora de aquellas viejas tradiciones que legara el conservadorismo histórico de Roca y Pellegrini. Este Club se fue convirtiendo en una Institución intocable, a la cual faltaba - omisión nada inocente ni casual - el toque popular que encarnaban por aquel entonces la Unión Cívica Radical, cuyo predominio político en todo el país fue indiscutible a principio del siglo.

Como dijera Félix Luna, "...hace muchos años que nadie encuentra buenas excusas para defender la revolución del 30".

Tal vez por precipitación, por incontinencia partidaria o simplemente por la sensualidad del poder especialmente el económico, los conservadores desgajaron el orden constitucional y con ello, las enseñanzas de sus grandes fundadores. Obviando el molesto detalle de las urnas, reinauguraron su participación en el poder durante años, destruyendo sus perspectivas políticas a largo plazo.

En el mundillo del yatching local, lo mas granado de la aristocracia porteña de la época y los oficiales de la Armada, en actividad o no, hacían, entre otras instituciones exclusivas, su sede natural en el prestigioso Yacht Club.

Allí fabularon una historia, asociándola a Dumas, que tendría su comienzo inmediatamente después de concluido el mas importante crucero o raid oceánico realizado por una tripulación amateur, según lo describiera oportunamente el decano del yachting argentino, don Hipólito Gil Elizalde.

Es el propio Potilo - así rebautizado por Teresa, su hermana mayor - quien dice, en referencia a este hecho :

"Todo el valor del Yachting como deporte floreció en una prueba cumplida con sencillez y sin espectacularidad.

Desde ese momento quedo trazado el rumbo de nuestro deporte, incipiente entonces, hoy adulto y moderno.

Nada de lo que vino después se aplica sin la cita, remota hoy, de ese triunfo de la capacidad y voluntad"

Nos referimos al raid oceánico realizado desde Cowes, Isla de Wight, Inglaterra, a Buenos Aires, por el yate Ingrid, arribando el día 23 de agosto de 1931.

Por su arboladura, el Ingrid era un cutter de gavia aparejado cangreja. Su casco era un doble proa de 10 metros de eslora; 3,45 metros de manga y 1,80 metros de calado. Su mastil portaba una verga en cruz para largar una vela cuadra - la gavia - en vientos francos.

Sus líneas bálticas, inspiradas en los celebérrimos Hvaloer escandinavos en base a los cuales Colin Archer diseño maravillas, mostraba un pie de roda muy lanzado, con una popa llena y muy boyante. Su diseñador fue el arquitecto naval ....

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... el mismísimo General Uriburu los recibe en La Rosada indicando que la iniciativa no solo había tenido un éxito resonante, sino que sus realizadores habían entrado de lleno a la historia grande del yachting argentino.

El viaje concluyo luego de 147 días de travesía.

Había sido una navegación técnicamente perfecta y, lo mas importante, se demostró que podía ser emulada por cualquier navegante deportivo que tuviera los conocimientos y el velero adecuados.

El Ingrid paso a ser un barco admirado, junto con su tripulación.

Unos meses después, en 1932, un muchacho con mas arrojo que experiencia marinera y conocido solo por sus andanzas como nadador, cometería la osadía de realizar una travesía similar desde Arcachon,Francia, con un velero de regatas inadecuado para ese semejante viaje. Este nuevo logro náutico poseía una característica que haría palidecer el éxito del Ingrid., enmudeciendo a algunos y haciendo estallar las gargantas de otros miles :

El viaje fue realizado en 122 días y en solitario.

Una travesía mas difícil, lograda en menor tiempo, con la cuarta parte de la tripulación y un velero, a todas luces, de inferiores condiciones. Era demasiado.

Quien es este intruso en el yachting ?

Quien lo conoce ? Como es posible ?

Repetidas hasta el hartazgo por todos, en el prestigioso Yacht Club y fuera de el, estas preguntas - de incomoda digestión - tenían sin embargo muy fáciles respuestas : Vito Dumas no era nadie en el yachting pero a partir de ahora lo conocerían todos, dentro y fuera del ambiente náutico.

El Yacht Club Argentino, luego de enviarle $2000 m/n. Para ayudar a reparar el L.E.H.G. varado en Mostardas, sur de Brasil, y de destacar a Montevideo al socio y mas famoso regatista Nicanor Salas Chaves para recibir a un Dumas triunfador, no soslayo su hazaña y lo nombro Socio Vitalicio.

En Dársena Norte se había dispuesto una boya para que Dumas tomase amarra a su llegada. Una vez efectuada la maniobra, no sin cierta dificultad debido a la gigantesca aglomeración de embarcaciones que o rodean, Vito se hace presente en el salón que a tal efecto estaba preparado. En el mismo, el Comodoro del Club Dr. Benito Nazar Anchorena le presento el saludo oficial de la Institución y pronuncio un sentido discurso, harto y elocuente de la importancia que para el Yachting argentino tenia la hazaña que acababa de ser cumplida.

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Causan asombro las imágenes documentales - mudas - que muestran la cantidad de gente a la que movilizo el acontecimiento deportivo del arribo del L.E.H.G. aquel 13 de abril de 1932. Sin duda, la tripulación del Ingrid no podría creer lo que veía : el recibimiento era apoteótico.

Dumas amalgamo el interés de decenas de miles que lo fueron a recibir. Casi nadie era del ambiente y, sin embargo, superaban ampliamente en numero a la patria náutica de entonces.

Del Ingrid hablaban los nautas, del L.E.H.G. todos.

El Ingrid expandió los limites del yatching, el L.E.H.G. los del hombre.

Dos barcos, dos estilos, dos llegadas, dos públicos: dos proas.

La coincidencia ? : el viaje.

Y con estas dos proas para una coincidencia, se formo el caldo de cultivo para la única fábula náutica rioplatense.

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Según Hipólito Gil Elizalde, el mote de mufa o jetattore apareció sin alguna duda en el Yatch Club Argentino, algunos años antes de 1940.

"...como invención de un resentido con profundas raíces psicológicas en la envidia. La propagación del mote y el mito se cultiva especialmente en la credulidad humana hacia el maleficio y las fuerzas ocultas que nos pueden alcanzar.

Prueba de ello es que la difusión de la leyenda se ha extendido a todo el ambiente náutico y que culmino hace 20 años, en plena regresión, en la época actual, del anatema psicológico.

Como si el inventor de esta cobarde leyenda ha fallecido no puedo decir su nombre, pero si su mala fama en el Yatch Club Argentino, y puedo asegurar que nunca tuvo el menor vinculo con la tripulación del Ingrid.

Utilizando ese "de capite diminutivo" la tripulación del Ingrid y sus amigos, reaccionaron humanamente, con la sorpresa de los héroes queridos" - concluía Potilo mientras su memoria taladraba décadas.

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Es sorprendente la concordancia de opinión que, sobre el origen del mote de mufa, tiene con Potilo otro grande del yachting vernáculo, como lo es el Capitán Atilio Coco Porretti.

"A raíz de las historias generadas por las desavenencias surgidas durante el crucero del Ingrid que concluyen, por un lado con el desembarco de Ricardo Cowpercoles en Rio, y el arribo de Dumas por el otro; en el Yacht Club Argentino se formaron camarillas, igual que en otros clubes. Estas tenían opiniones enfrentadas sobre la distinción con que el club reconocía el valor de la hazaña de Vito, opiniones que no iban mas allá de lo enteramente deportivo en jocosas sobremesas de bufetes de clubes. De alguna de esas camarillas, y de alguien muy afecto a poner sobrenombres nacería, con la mas inocente de las intenciones por supuesto, el mote de "mufa" entre los de "loco" o "loco lindo".

 
 
 

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   Navegante Vito DUMAS   "La leyenda continua......."