Vito Dumas La leyenda continua
 
     Navegante Vito DUMAS   "La leyenda continua......."       
 

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Resumen del Libro SOLO, RUMBO A LA CRUZ DEL SUR

de VITO DUMAS

 
 

Aporte Realizado por Martín STERN

 
 

Pagina 5 y 6

Han pasado muchos meses desde aquel ya lejano día en que el delirio de mi pueblo premiaba mi esfuerzo. Pero el tiempo transcurrido no ha borrado las huellas ni los caracteres impresos en mi libro de a bordo, fiel espejo, donde se reflejan las sucesivas sensaciones, sentidas, desde los preparativos de mi viaje hasta los días y meses de lucha en el largo peregrinar del mar.

Estas anotaciones y pensamientos los he reunido en este libro, que ofrezco a los yatchmen y a aquellos otros que no lo son, porque he buscado simplificar el complicado léxico marino para que su lectura sea fácil y al mismo tiempo amena.

Me expongo al mismo riesgo que si mi hiciera de nuevo a la mar, pero confió en la benevolencia de unos y otros.

No soy escritor; por tanto, al describir mi vida en el Atlántico quizás no se encuentre ese colorido y esa riqueza de palabras, patrimonio del hombre de letras; pero lo he escrito como lo he sentido en mi soledad, sin agregarle nada, al contrario, lo he despojado en parte de aquellas expresiones en que pudiera pecar de exagerado.

El mar esta allá, lejos; del pasado no queda mas que un recuerdo amable. Estoy esperanzado de que este mi "cuento" sirva de ejemplo para aquellos que luchan; para los niños, los futuros hombres, que robustecidos por una fe inquebrantable alcancen el triunfo en el camino de la vida.

Pagina 13 y 14

Meses antes en mi errante búsqueda en procura de un barco apropiado a mi propósito, y habiendo recorrido todos los puertos de Europa, me llegue una tarde a ese pintoresco lugar, continuación de la Bretagne, y repare en un casco de carrera descansando sobre una anguilera en la barraca y tapado por una tablazón, que lo reparaba del sol y de la lluvia; hacia unos años que había sido llevado a tierra.

Su dueño había muerto y ahora la sucesión lo tenia en venta; este yacht, celebre en su tiempo, llamado Titave II y después Le You, clasificado como "ocho" de la serie internacional antigua, estaba destinado a morir en el olvido.

Pagina 17

He dormido de un tirón hasta esta mañana; me he desayunado y me siento mas optimista, salgo para cambiar pesetas en francos; terminada esta operación, prosigo hasta el astillero; tomo por el Boulevard de La Plage; el sol hace mas risueña la mañana; a mi izquierda, la humedad arena de la playa despide un sutil vapor, que se confunde con las aguas de la bahía, en la que se encuentran anclados varios pesqueros que esperan la buena marea para franquear la barra; a su orilla, viejos marinos forman animados corrillos, de los que no se dignan regalarme una mirada; ya vendrá el tiempo en que ellos no me darán reposo, prodigándome consejos y causándoles mas de una acalorada discusión a esta buena gente que dan ambiente a todo puerto de mar.

Pagina 20

Para un marino, el almacén naval es un lugar de tentaciones; quisiera  comprarlo todo, todo me agrada, todo me parece que me hará falta. Adquiero dos faroles de posición y otros dos de tormenta; un encerado, una brújula seca, un barómetro, un calentador a petróleo y un balde; agujas e hilo para reparar velas, un cuero de repujo y un metro de mecha para lámparas.

Antes de emprender el regreso, un viejo marino me obsequio con una  navaja marinera, que había usado durante treinta años; la acepte como un recuerdo y de buena gana, pues a bordo me será de gran utilidad.

Pagina 21 y 22

Sigo viviendo en el Lehg; no me doy un momento de reposo, a mi alrededor se forman grupos de entendidos, que comentan hasta cansarme, pero nada bueno, todo es pesimismo.

Unos, después de efectuar un examen prolijo del barco, lanzan sentencias inquietantes : ese barco - dicen - es bueno para hacer cincuenta kilómetros y eso en buena época; otro a su vera le replica : yo he navegado en el, hace diez años, y por poco naufragamos frente a Saint-Jean-de-Luz; un tercero cierra esta competencia desastrosa para mis oídos con esta sentencia : no dobla el cabo Finisterre ...

Pagina 24

Por la tarde la vagoneta comenzó a deslizarse por el carril, llevando al Lehg, hasta dejarlo sobre las aguas de la albufera. La botadura de un barco es siempre motivo de fiesta para un astillero. Los obreros, contentos por ver su obra terminada y cada uno de ellos, orgulloso por la parte que le ha tocado en la tarea. Se estila en tales circunstancias romper una botella de espumante contra la proa de la embarcación, pero yo no estaba en condiciones de seguir esa tradición y el vino de 0.90 el litro, que mande adquirir acompañado con pan  fresco, reemplazaron al champagne y se fue a estrellar, en cambio, en ... el estomago de los obreros que habían actuado en la  preparación de mi yacht.

Pagina 26

Los alimentos que he pedido ya están estibados en su interior; compuestos por diez kilos de papas, cinco de pan, igual cantidad de azúcar; un kilo de café y otro de cacao; dos latas de galletitas, tres botellas de vino y una de ron, dos damajuanas con agua.

Pagina 31

Los alimentos que llevaba eran solamente para unos diez días, que calculaba que tardaría en recorrer la distancia comprendida entre Arcachon y Vigo.

Pagina 32

... me preguntan si hoy es el día. Les contesto afirmativamente. Se alejan y, al poco rato, la familia Gilambert, como todas las mañanas, me llama desde la lancha con el desayuno. Mientras que lo tomo oigo que me dice : "Ne savez-vouz pas que la barre est fermée?", y les contesto : "Encore ...". No escucho mas, con un "au revoir" me pierdo por el tambucho en el interior de la cabina; cuando ya el zumbido del motor se pierde como un murmullo lejano, pienso que esta gente me estima en demasía y teme perderme; ahora, me censuro a mi mismo por haber sido excesivamente brusco con ellos.

Alguien grita; parece esta mañana no podré terminar mi tarea. Me asomo por el tambucho de proa y veo que se me acerca el sardinero Chat-Botte que viene para remolcarme, lo timonea su patrón y le acompaña Tou-Tou :"Buenos días, Vito, ha pasado buena noche ?. Oh si", le digo. Y pienso para mi que cuando podré hacerlo.

Hay tiempo para despedirme de alguien ? - pregunto
No, hay que aprovechar los minutos - me contesta al mismo tiempo que me filan un grueso cabo.
Son las 10:15 horas y rápidamente amarro el cabo al pie del palo mayor ...

Pagina 35 y 36

La distancia se va acortando, solo faltan pocos metros; por fin, vuelven sus rostros sonrientes y me gritan : "au large !". Hemos transpuesto el celebre paso de Arcachon.

Con una sensación de alivio y siempre a remolque, inicio rápidamente la maniobra de establecer mi velamen; izo la vela mesana, la de capa, foque y trinquetilla.

13 horas del 13 de diciembre de 1931; largo el cabo, el Lehg ha empezado a navegar por sus propios medios. Tomo rumbo oeste, una cuarta al sudoeste. El Chat-Botte ha virado rápidamente, de su bordo me despiden con un triste adiós y se alejan aceleradamente para ganar la entrada del puerto.

Noto que me hacen señas, cuyo significado comprende. Antes de partir, me dijeron que seria conveniente que recalara en Saint-Jean-de-Luz, para, de ahí, descansado, reanudar la travesía, navegando paralelamente a la costa cantábrica, y de esa forma tener refugio, en caso de ser sorprendido por un temporal. Como no sigo el rumbo por ellos aconsejado, pues mi intención es atravesar directamente para reconocer cabo Ortegal y poder doblar cabo Finisterre lo antes posible, se llevan las manos a la cabeza, desesperados, por la imposibilidad de darme alcance, para hacerme desistir de mi propósito, de lo que ellos llaman ir en procura de la muerte.

Pagina 38 y 39

Alrededor, flotan muchas algas y medusas, arrastradas por la calida corriente del Gulf-Stream. Como aun no he comido, afirmo la barra del timón y dejo que el Lehg navegue solo para prepararme algo caliente.

Son las 13:50; tengo la sartén por el mango, se están friendo lentamente dos huevos; la cocina marcha y como es imposible permanecer de pie durante esta operación tan delicada ... me siento en la escalera de acceso a la cabina.

El barco continua bien a su rumbo, solo; por estribor, diviso sobre el horizonte el trapo de un velero, que muy a mi pesar, pasara muy lejos de mi ruta. Esta hermosa contemplación no dura mucho; algo
anormal ha ocurrido en la cocina; en efecto, lo que freía ha desaparecido de la sarten, corriendo por una banda se ha deslizado, apoyado en una cuaderna, para ir a estrellarse por fin en la sentina.

Pagina 40

Llega la noche, la primera, de mi navegación solitaria. Una tranquilidad reina en el ambiente, interrumpida solamente por el murmullo de las aguas en popa, producido por el andar del barco.

Comienzo a sentir frió, debido quizás a mi inmovilidad; me abrigo con cuanto trapo hallo a bordo, pienso en aquellas noches de invierno, cuando niño, mama me cubría con tantas frazadas y soñaba desde entonces en la vida de aventuras, en los piratas de siglos pasados, y lamentaba no haber nacido en esas épocas para ser uno de los protagonistas de esos dramas terribles del mar.

Pagina 42

Lunes 15, trato de achicar, pero la bomba se obstina en no funcionar; por suerte llevo a bordo un balde y con la ayuda de una pequeña cacerola subsano este pequeño contratiempo.

Mientras estoy ocupado en hacer esta operación, un bandazo me hace perder el equilibrio y estuve a punto de sufrir una grave lesión en el ojo con un golpe tan recio que quede ligeramente aturdido. Yo creí, en el primer momento, que las consecuencias iban a ser graves, pero compruebo que solamente un pequeño corte, en la cara, quedo del accidente.

Hace tres noches que no duermo, tengo frío; bajo a la camareta para prepararme algo caliente; una taza de chocolate me reanima; prosigo timoneando.

Pagina 43

Podría intentar de ganar el puerto de Santander, que tengo enfrente, a veinte millas, pero entonces mi crucero se alargaría en una época impropia; resuelvo continuar a pesar del cansancio y del presagio inquietante que tengo del tiempo.

Pagina 43

Paso la noche viendo visiones; las luces de los faros a lo largo de la costa se mezclan; las ochenta y dos horas que llevo sin pegar los ojos me hacen sufrir pesadillas. Parecen las pupilas de monstruos que estuvieran en acecho para engullirme. En otros momentos, lanzan carcajadas, que no hacen mas que violentarme. Esto, unido al continuo rolar por la mar de fondo, me sume en una calma enervante, manteniéndome en una tensión nerviosa, a la espera del mal tiempo que no llega.

Pagina 44 y 45

La noche me sorprende encalmado, la luna asoma a ratos por entre espesos nubarrones y, a la media noche, el cielo se cierra por completo, navegando en tinieblas, rota solamente por las luces de la posición de los barcos, que pasan a las cansadas, en demanda de los puertos y rías de la costa cantábrica.

Esta amaneciendo, ha comenzado a soplar del levante una brisa, que a medida que transcurren las horas aumenta en intensidad. Prosigo gobernando y el sueño me atormenta desde que zarpe me hace ver como una gran arboleda; son las nubes bajas; contemplando este fenómeno, me quedo dormido, recostado en el cock-pit, no se cuanto tiempo; sueño, critico la forma en que esta amarinado el barco; convencido de que estoy acompañado, bajo a la camareta; llamo, nadie me responde; me encuentro solo. El fresco del amanecer me despabila, ahuyentando este mal sueño.

Pagina 45

El viento sigue en aumento y voy corriendo con solo tormentín y mesana; sin embargo, mi promedio de marcha es excelente.

Pagina 46

La tempestad se inicia y se transforma en un furioso vendaval, de 9 a 10 Beaufort del nordeste. El trabajo se torna agobiante, la furia del viento azota con rabia las escotas, al batir sobre la cubierta producen un ruido, como si pesadas mazas golpeasen sobre un yunque. El negro cielo se une con el mar; ofrece un aspecto que espanta.

Dejo por unos segundos el timón amarrado, dejando al Lehg capeando; voy en busca de un farol y una sorpresa ingrata me aguarda en el interior : el agua ha llegado a la altura de las bancadas ...

Pagina 48

Son las 8 horas mas o menos del día viernes 19; las olas alcanzan alturas sorprendentes, una ha llegado hasta la cruceta y se ha desplomado con fuerza sobre la cubierta; no queda espacio ni rincón que se encuentre seco. Esto ya no es navegación, si no alpinismo. Las montañas de agua me rodean y cuando el barco remonta hasta llegar a la cresta de estas, que el viento pulveriza a través de esa cortina de agua, noto que se abre un abismo del otro lado.

Pagina 49

Todo el día al timón; hambriento, dos Días de ayuno, las pocas provisiones las he arrojado al mar; están inservibles.

Intento desagotar el barco, imposible; no me queda un miserable trapo seco para defenderme del frío, que el termómetro registra con mas de diez grados bajo cero.

Paso el resto del día, corriendo la tempestad, con solo la vela mesana y el tormentín.

Pagina 52

Menudean los golpes, las manos comienzan a sangrar; pero que es esto ? comparado con la alegría de mi próxima arribada a La Coruña, que dista ya solo diez millas ! ...

En dos horas de continuo trabajo, dejo pasable el interior; la luz del farol me hace ver la mayor parte del velamen, que roto por el continuo roce con las tablas del piso y las puertas, que flotaban.

Pagina 55

Domingo 21 por la mañana, me despierto después de haber quedado dormitando, junto a la barra del timón y casi encalmado, por la falta  de viento, frente al cabo Finisterre.

Pagina 56

Apenas se seca un fósforo, enciendo mi hornillo y preparo un poco de chocolate con agua, mientras a la distancia pasan los barcos de correo.

Pagina 69

La brisa del sudoeste sopla; cuando regreso a cubierta, me entretengo en tirar por la borda pedazos de pan, que innumerables gaviotas se apresuran a devorar.

El barómetro desciende lentamente, lo que hace presumir que comenzara el mal tiempo, a fin de mes.

Mientras eso ocurra, paso el tiempo solazándome con la bonanza.

Pagina 71

Lo avanzado del invierno me obliga a estar en continua alerta para evitar ser sorprendido por un posible contraste, lo que hubiera  representado un gran esfuerzo, al cobrar mas de mil pies cuadrados de paño. Esta previsión, por otra parte, estaba de acuerdo a mi teoría  de que en dicha zona, hasta la llegada de los alisios, debía navegar con buen tiempo, con la vela de capa, como mayor; mesana y tormentín, con temporal.

Tengo motivo para felicitarme, a propósito de mi previsión, pues en el transcurso de mi crucero, he evitado mas de una vez de verme en un aprieto, y el mal tiempo encontró, en todo momento, a mi Lehg perfectamente amarinado.

Pagina 72

Por la mañana, efectuó el infaltable trabajo de achicar seis baldes.

Hay mar de fondo; como desde que zarpe no he visto tierra, estoy ansioso por divisar las islas Berlingas y calcular, al mismo tiempo, la exactitud de mi navegación por estima; con gran satisfacción, las acuso por babor, a las 13.25 horas.

Por el norte, comienza a rizarse el mar; es la tramontana, que se acerca, y a poco la tengo encima, arbolando gran mar. Como el barómetro tiende a descender aun mas, comienzo a aferrar cuanto objeto movible a bordo.

Pagina 73 y 74

Al penetrar en mi cabina, noto los desperfectos de la marejada de la noche anterior, había embarcado mucho agua; ya esto no me dio reposo, todo el día me mantuve gobernando y, al atardecer, una fuerte racha de un vendaval produce la primera avería, rompiendo la abrazadera de la botavara de mesana; rápidamente me deslizo a popa, poco menos que gateando, para repararla.

Las olas que encapillan me bañan de continuo y pongo manos a la obra; casi al terminar, llega lo imprevisto; la cubierta se me va y una gran ola produce lo inevitable : me arroja al mar.

Por fortuna, cada vez que trabajo en cubierta me amarro con una cuerda de pulgada y media de diámetro y esta previsión me salvo, pero al querer reintegrarme al barco, mi esfuerzo es anulado y me siento arrastrado debajo del lanzamiento de popa. Logro después de estériles tentativas enlazar un pie entre los tensores de los obenques del palo mesana y gano la cubierta ...

Pagina 76

... soy un convencido de que la practica es la verdadera escuela, la que nos enseña la justa medida de lo que se piensa, sea buena o mala. Y esa noche del 30 de diciembre me demostró que un barco chico y con grandes lanzamientos no podía comportarse debidamente, cosa que hubiese sido factible con un barco tipo noruego o similar.

Pagina 77

... ha quedado atrás Lisboa; corro en una mar gruesa, rumbo al sur, e impelido por un viento que no cede y que no me deja, ni por un instante, abandonar la barra del timón.

Pagina 78

18:30 horas de este mismo día; el agua llega a la altura de las bancadas; con esta sorpresa desagradable, pierdo la esperanza de una comida; comienzo a achicar con el balde, porque la bomba no tiene paso suficiente y seria cosa de nunca concluir utilizando este medio.

Me siento enteramente extenuado, cincuenta y siete horas de continuo trabajo pesan sobre mi; va por el quincuagésimo balde y caigo en el suelo, desvanecido; no se, a ciencia cierta, el tiempo que transcurrió estando yo en ese estado, pero posiblemente la misma agua, que quedaba aun en el interior, me hizo reanimar; estoy ensangrentado, por las heridas producidas en la cara y las manos por el balde y el zarandeo del yacht. Estas dos o tres horas de descanso forzoso me reanimaron y pude, así, terminar de dejar estanco el interior del barco. 

Lo principal esta hecho; el Lehg, por suerte, no se ha apartado de su ruta; trato de procurar algún alimento, pero la acción del agua ha inutilizado estos, penetrando hasta en las cajas herméticamente cerradas. Por fortuna, el azúcar, aunque húmedo, acompañado de ron, suple esta falta; poco después vuelvo a timonear, para a los escasos minutos quedar dormido ...

Pagina 81

El Lehg debe ofrecer un aspecto pintoresco; la ropa que he puesto a secar cuelga de los obenques y cubre literalmente la cubierta.

El agua no cesa de penetrar por la sobrequilla y para evitar el achique de cuarenta a cincuenta baldes, me reparto el trabajo en dos veces, que en lo sucesivo haré una vez en la mañana y otra por la tarde.

Pagina 83

Reservo seis galletas para un caso extremo, y las he puesto a secar al sol; además, mi provisión de cacao se ha agotado.

Me preocupa el poco camino que he recorrido, en estas veinticuatro horas, calculando que todavía me separan quinientas millas, para llegar al final de mi segunda etapa pues, de seguir en estas condiciones mi situación se hará critica.

La corriente que corre de norte a sur me deriva lentamente hacia la zona de los trópicos; por la tarde, aprovecho una suave brisa del noroeste e izo, por primera vez, la vela mayor en alta mar.

El barco toma estropeada y, como en estos días ha navegado solo, permanezco gobernando rumbo sur ...

 
 
 

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