GALÁPAGOS A LA VELA

OCÉANO PACÍFICO, 18 DE OCTUBRE DE 1996.

Latitud 1° 35' Sur

Longitud 91° 40' Oeste

18 de octubre 1996

Tiro el ancla y la veo deslizarse por el agua transparente, seguida de su parábola de cadena. Espero que se clave en el fondo de arena blanca, salpicada de manchas de coral amarillo. Hago firme el cabo, me incorporo y respiro hondo... Desde la costa cercana me saludan un trompeteo de focas y chillidos de aves marinas. Estoy en medio de un sueño del que temo despertar... Pero no, por suerte: ¡es cierto, estoy en la Bahía de las Focas de la Isla Barrington en el corazón de Las Galápagos!

La misma bahía que de tanto leer y releer su descripción, en el viejo, gastado (y mojado), libro de Bernard Moitissier, puedo reconocer como si la hubiera visto antes. El islote rocoso cubierto de cactus gigantes, las dos playitas del fondo separadas por una roca negra, las lajas de lava volcánica que la cierra y protegen por el norte... Y la sinfonía de la naturaleza.

Pasa una tortuga nadando a dos metros del barco, los machos focas se pelean sobre las rocas, la mole negra de la isla al sur, el silencio... Claro, no todo es igual. No en vano han pasado treinta años desde que Moitissier, el legendario navegante francés, estuvo aquí. Ya no es la soledad absoluta, comparto el fondeo con un gran catamarán y una lancha también grande que pasean turistas.

Pero está todo bastante bien organizado: los turistas no pueden bajar a tierra solos, tienen que hacerlo acompañados por un guía autorizado del Parque Nacional Galápagos y los barcos deben llevar un práctico del lugar. Yo no cumplo con el último de los requisitos porque todavía no entré formalmente al archipiélago, lo haré cuando llegue a Puerto Ayora, en Santa Cruz. Es un molesto requisito pero está bien. Supongo que sin estas medidas de control sería muy difícil proteger este frágil ecosistema único en el mundo.

El Archipiélago Encantado

Las Galápagos, oficialmente llamadas Archipiélago de Colón, y por los viejos marinos El Archipiélago Encantado, por aparecer y desaparecer en los bancos de niebla, deben a su ubicación geográfica las características tan originales de flora y fauna.

Las islas cabalgan exactamente sobre la línea del Ecuador a unas quinientas millas marinas de Guayaquil en Ecuador. Reciben alternativamente el embate de dos grandes corrientes marinas: la corriente de Humboldt que viene desde el Polo Sur, entre los meses de julio y diciembre, es fría y baja la temperatura. Esto provoca poca evaporación de agua y escasez de lluvia. La otra corriente, que llega desde Costa Rica y Panamá, la del Niño, es cálida y desde enero a julio eleva la temperatura de la zona, con la consecuencia de mucha evaporación y lluvia. En este momento es cuando las islas se ponen verdes.

Derivando sobre estas corrientes y desde latitudes muy lejanas arribaron los animales que componen su fauna. Ésto, y el aislamiento de las islas, hizo que adquiriera características tan particulares: focas, lobos de dos pelos y pingüinos de la Antártida; iguanas y tortugas de las selvas tropicales, aves y peces.

La dureza de la vida y la lucha por sobrevivir hizo que muchas especies, a lo largo de miles de años, sufrieran mutaciones únicas. Las iguanas marinas aprendieron a nadar y a comer algas. Las terrestres se alimentan del fruto de los cactus, casi exclusivamente. Los pinzones -pequeños pajaritos del tamaño de los gorriones- desarrollaron distintas especializaciones: picos más grandes y fuertes aquellos que viven en islas en donde hay granos duros; más delgados y alargados los que se alimentan de insectos, y hasta una variedad que utilizan un palito como herramienta para extraer insectos de los árboles. En estos pinzones, fundamentó Darwin su teoría sobre el origen de las especies. Sin embargo, la vedette es la tortuga gigante o el galápago. Las hay marinas, que recorren los mares aledaños, y las hay terrestres.

Estas últimas, de acuerdo a qué islas pertenezcan, tienen características diferentes que se manifiestan en la conformación del caparazón y en la longitud del cuello y las patas. Las que viven en islas con topografía llana y poca vegetación, tienen caparazón redondo de hasta un metro de diámetro en forma de cúpula, patas y cuello corto. Las otras, que viven en topografías quebradas, con grandes cráteres volcánicos y vegetación rastrera enmarañada, presentan un caparazón en forma de montura de caballo (de ahí la palabra Galápago), patas y cuello alargado.

En algunas islas se extinguieron por obra del hombre y cataclismos naturales. En 1975 en Fernandina, hubo una erupción volcánica que arrasó con casi toda la vida de la isla. En el siglo pasado, y a comienzos de este, los barcos balleneros y los grandes mercantes a vela (Clippers), arribaban al solo efecto de hacer provisión de tortugas, que apilaban vivas por cientos en sus bodegas, dada su capacidad de sobrevivir hasta un año sin comer ni beber. El propósito era aprovechar su carne fresca y abundante pues pesan hasta 250 kilos.

El caso más patético es el del galápago más famoso del mundo, el Solitario George, un macho (único sobreviviente de su especie) encontrado en la isla Pinta. Vive en instalaciones de la Estación Darwin, de la isla Santa Cruz, donde se intenta hacerlo reproducir con hembras de otras islas, hasta ahora sin resultado positivo. Si no se lograra que deje descendencia (están experimentando con métodos de inseminación artificial) su muerte marcará la desaparición de una especie más en el mundo...

El último paraíso

Galápagos se revela como un auténtico paraíso perdido. Es un mundo sin miedo, lo que demuestra que el hombre, cuando quiere, puede convivir con la naturaleza. Las focas dormitan en las playas a metros de la francesita en bikini que se tuesta al sol; las iguanas marinas, con esa inmovilidad propia de los saurios, se calientan sobre las rocas del malecón de Puerto Ayora; los pinzones, sin ninguna vergüenza, vuelan a comer las miguitas de las mesas de los restaurantes al aire libre; las tortugas nadan en el puerto bajo los barcos de turismo...

Sin embargo, hay algunos temas conflictivos que el gobierno ecuatoriano deberá resolver tomando decisiones al respecto, so pena de que ese equilibrio casi perfecto comience a desnivelarse. Regular firmemente la proliferación de barcos de turismo a motor (ya hay muchos, algunos muy grandes de hasta cien camarotes). La pesca comercial (no se permite la deportiva) debería controlarse como así también la inmigración. Muchas personas llegan desde el continente en busca de trabajo. Se incrementó la población en casi el doble en los últimos años y eso es motivo de queja entre los isleños.

En una palabra, aislar al Archipiélago de la crisis económico-social que vive América del Sur . Una tarea harto difícil pero valedera, pues se juega la supervivencia de uno de los últimos santuarios de vida silvestre de la humanidad.

Las Islas

El Archipielago de Galápagos es de origen volcánico y comprende 13 islas grandes, 6 pequeñas y 42 islotes. San Cristóbal, Santa Cruz, Isabela y Floreana son las únicas habitadas:

San Cristóbal tiene uno de los poblados más bellos, el Puerto Baquerizo Moreno, que cuenta con aeropuerto y hoteles. Un rasgo geológico original es la Laguna del Junco, un reservorio de agua dulce en el lecho de un volcán.

Santa Cruz es una isla de vegetación muy variada y con diversos microclimas. Puerto Ayora es el mayor poblado donde se encuentra el Centro de Interpretación de la Historia Natural de Galápagos. En este lugar se estudian las especies en extinción.

En Isabela, la población de Villamil (1200 personas) conserva sus características ancestrales, las calles son de arena de coral completamente blancas y se puede caminar descalzo. El volcán Sierra Negra, con sus 10 mil metros de diámetro es el atractivo más fuerte de la isla. En su falda hay cráteres activos y en el centro una gran colonia de galápagos. Tiene un numeroso grupo de caballos y vacas salvajes.

El encanto de Floreana reside en sus historias y leyendas, cuyos protagonistas todavía viven en la isla. Doña Margarita Whittmer, de origen alemán, llegó en 1932 y escribió un libro famoso: "Floreana lista de correos", donde se incluyen las vivencias de los pioneros en la isla. Aún funciona la más original oficina de correos del mundo: un viejo barril de madera, dejado por un barco ballenero a principios del 1800. Hasta ahora, como en el pasado, el visitante deposita allí sus cartas para que otros viajeros las lleven a destino.

LA REGATA SALINAS GALÀPAGOS

Un alegrón adicional: encontrar amigos en este confín del mundo. En el momento de mi llegada a las islas se corría la Regata Salinas- Galápagos. Entre los tripulantes de los distintos barcos que la diputaban, se encontraban: el "Pato" Salas, Riki Homps, Gabriel Mariani, Maciel "Cicho" Cinchetti, Guillermo Baquerizas, los Borghorstrom, además de otros. Festejamos juntos la entrega de premios y haciendo honor a las más viejas tradiciones marineras, nos tomamos todo lo que pudimos.
 
 

AUTOR: ENRIQUE CELESIA