Estrecho de Magallanes, 5 de marzo de 1997.
Voy internándome por el Paso Largo hacia el Paso Tortuoso, angosto y con muchas vueltas.
Hace un rato recibí el pronostico meteorológico del día (Qué lujo!...) desde el Control de Tráfico chileno de los islotes Fareway. Los fareros, muy amables, y aburridos, me invitaron a recalar en su puertito, y me dijeron que se esperaba un frente del Oeste, con 30 o 40 nudos de viento y 45 en las rachas... Decliné la invitación, di las gracias, y mirando el horizonte, pensé: "Estos tipos siempre se equivocan..."
Como para desmentirme flagrantemente, a la media hora, apareció el clásico "cigarro negro" de nubes, similar a nuestro vernáculo Pampero. A la hora, con el velámen reducido al mínimo, corría por el medio del Estrecho, perseguido por todos los diablos juntos... Chubascos de agua y granizo que hicieron desaparecer todas las montañas de las márgenes, la espuma volaba y el mástil se estremecía a cada ráfaga... Y yo, sin poder soltar la caña del timón, muerto de frio y de susto...
Duró mas o menos media hora; de a poco fue calmando y ha salido de nuevo el sol. El lugar es mucho mas grande, abierto. Voy escorado, las cosas de caen, el barco sube y baja, el viento firme en una amura...!Esto es navegar! Donde uno sabe a qué atenerse, no la solapada y traicionera calma de los canales más angostos. Ha quedado un poco de resaca y olas quebradas, pero el VITO corre alegremente entre dos murallas de montañas grises y verdes, lejanas, rumbo a nuestra próxima caleta: Puerto Angosto, ya casi en el confín del Paso Largo del Estrecho de Magallanes. Todavía tengo por delante
todo el Archipiélago Fueguino...
Canal Bárbara, 8 de marzo de l997.
Lat. 54º 06´ Sud
Lon. 72º 22´ Oeste
Estoy fondeado en una caleta de la isla Guardián Britos, sobre el Canal Bárbara.
Por este canal está prohibido pasar, por esos misterios que suelen guardar las burocracias del mundo... Supuestamente "por seguridad", aunque nunca se explicita de quièn o para quién... De todas maneras todos los que pueden pasan... O casi. Si uno pide permiso, seguro le dicen que NO. Yo , por las dudas, no pregunté y nadie me dijo nada oficialmente.
El Bárbara acorta el camino entre el Estrecho de Magallanes y el Paso Brecknok, en un montón de millas. La "ruta comercial" transcurre por el Paso Tortuoso, el Canal Magdalena y el Cokburn, un triángulo equilátero de 100 millas de lado, del cual, (si la geometría básica no me falla), conviene recorrer sólo uno de sus lados, no dos. El inconveniente es que tiene algunos pasos peligrosos, concorrientes encontradas y williwaws y además, no está señalizado. A esto se le debe sumar el valor agrgado que supondría la incierta situación de encontrar alguna patrullera de la Armada Chilena... Ya me veo cargado de grilletes y cadenas, rumbo a Punta Arenas...
Hasta ayer venía haciendo un promedio de 40 millas diarias, que. dadas las circunstancias, era muy bueno. Hasta ayer, dije, pues casi al anochecer, apareció mi viejo amigo "El Garrón", quién desde unos días atrás no se hacía ver ostensiblemente...
Tratando de hacer más millas, llegué a esta caleta casi de noche y en el momento justo en que se desataba un ventarrón del Oeste. Cuando estaba entrando, ¡Oh, sorpresa! Encuentro que no está protegida del viento de ese cuadrante, pero ya no tenía tiempo ni luz para buscar otra mejor. Fondeo a las apuradas, pues me arrastraba hacia afuera. Con gran esfuerzo bajo el bote y paso un cabo a tierra. Mal, pues cuando lo hago firme, el barco en vez de caer hacia el lado que yo esperaba, cae hacia el contrario. El ancla garrea y en medio de chubascos de granizo y williwaws a intervalos de 5 minutos, el VITO se va contra la costa y ¡CATAPLUM! Se vara.
Menudo lio. Menos mal que un grueso colchón de cachiyuyos lo protege del filo de las piedras. Y que la marea está baja...
Con el bote fondeo otra ancla, que también garrea, y se acaba la luz del día: no tengo mas remedio que pasar la noche en esa situación. ¡ Que nochecita! Quizá una de las mas largas de mi vida...El VITO atravesado al viento de la peor manera posible, escorado 45º, estremeciéndose y golpeando bajo las rachas...El temporal bramando a 40 nudos, el granizo volando horizontalmente, una delicia...
Por fin llegó el día, y con él la luz, la confianza en mis fuerzas y la marea alta. Fondié una tercer ancla, trasladé los bidones de combustible y agua y las dos anclas de repuesto de popa a proa, cambié la posición de los cabos a tierra y , poquito a poco, tironeando, dándole con el molinete, lo fui moviendo. ¿Quién podría ayudarme en estos andurriales? Si no salía por las mías no saldría... Para animarme me hacía el chiste: " ¿Y si llamo al Automovil Club?...¿O a la Marina Chilena?... Ni hablar.
Al fin, con una arrancada violenta del motor, y un esfuerzo final, logré ponerme a flote... Años de vida perdidos...
Como ya eran las 15 horas, y seguía soplando fuertísimo, decidí quedarme un día mas en el fondeo. Metido en la cucheta, al calorcito de las dos bolsas de dormir superpuestas (hace un frio de locos), trato de reponerme del mal trago: no hay músculo que no me duela... ¿No será que me estoy poniendo viejo?...Lo mas crítico son las manos, las tengo hinchadas, agrietadas, de última. He comenzado a ponerles crema y a usar guantes para maniobrar, pero me parece que el tratamiento de belleza les llegó un poco tarde.
Pero, seamos optimistas: es posible que en una semana mas, esté dándome una ducha caliente y tomándome una buena cerveza en Puerto Williams. No falta poco, pero falta menos.
Caleta Ocasión, 9 de marzo de l997.
Estoy cómodamente instalado en un lugar protegido de todos los vientos, extraño, imponente, con grandes cerros de roca pelada grises y blancos, cuya cimas redondeadas recuerdan cúpulas de enormes mezquitas bizantinas. Es la Caleta Ocasión, dentro del Seno Ocasión, en el Canal Ocasión, todo un alarde de imaginación de quien la bautizó.
Cerca de la entrada me encontré con el SAFINA, un hermoso queche alemán de 48 pies, muy bien equipado con calefacción, heladera, ducha, dos baños, etc. y tripulado por Maxi, su dueño y dos chicos de Ushuaia, Miky y Gustavo. ¡Así sí que se puede navegar cómodamente por estos lados!
Ante de que pudiera darme cuenta, amarraron a su borda al VITO y mientras me invitaban con café, cognac y sandwiches de jamón, con su poderoso motor me trajeron hasta aquí. Me dijeron que me relajara, que me olvidara de la carta, de las profundidades y de la navegación, que esto era una especie de homenaje al navegante solitario... Comiendo a dos carrillos, les retribuí la atención contándoles algunas "historias de degollados", y de navegar solo...Hasta que me dejaron fondeado donde estoy y nos despedimos con mutuos deseos de buen viaje. ¡Qué bueno poder compartir estas soledades con alguien del "mismo palo" y tán solidarios!
Caleta sin nombre, 10 de marzo de l997.
Como ya lo he dicho antes: una de cal y DIEZ de arena... Después de la placentera jornada de ayer, hoy me levanté optimista y con ganas de hacer millas. Ni tomé mate, un café instantáneo me sirvió de desayuno, para no perder tiempo. A las 7.30 hs. ya habiá levantado el fondeo y los cabos a tierra y me dirigía, a motor, hacia la entrada del seno. Antes de salir, me toparon 4 o 5 williwaws, de los buenos. Me dije:" Es porque acá hay muchas rocas... Afuera habrá viento firme..." Ya lo creo que había; me estaba esperando el Paso Brecknok con 30 o 40 nudos del Oeste. Como ya no había forma de regresar, apechugué. Comencé a correr por el canal, con viento creciente, y al poco rato ya no se aguantaba ninguna vela. La trinquetilla comenzó a descoserse en un punto y tuve que enrollarla toda.
A "palo seco" y bajo una lluvia torrencial, que convertía las islas en bultos informes, recorrí varias millas, gambeteando algunas rocas y bancos de cachiyuyos, buscando desesperadamente un faro, que según la carta, me indicaría el paso libre por donde virar al canal siguiente.
Por fin, entr la bruma encontré el dichoso faro... Me dije: " Cuando lo vire comenzaré a estar protegido por la isla..." Pensaba recalar en una pequeña caleta que sabía estaba por ahí. Pero, hete aquí, que al virar, por una de esas extrañas leyes físicas de estos lugares, el viento, encajonado por las montañas, soplaba ¡Exactamente en contra!
Intenté con el motor, pero no había caso, no lograba avanzar. En dos oportunidades dimos vuelta como un trompo, girando 180º...Imposible. Pensé: "Ahora sí, estoy frito; sin velas y sin motor, ¿Adonde voy?
Tenía que encontrar un lugar protegido, sí o sí. El viento arreciaba, nos hacía derivar, las olas de través barrían la cubierta (en el Brecknok, HAY OLA). El bote inflable, amarrado en la proa parecía un dirigible intentando emprender vuelo... Un desastre. Bajé a la cabina, chorreando agua, para intentar descubrir en la carta algún lugar protegido cerca, hacia donde nos llevaba el viento...Mojé toda la carta, se me empañaban los anteojos, no encontraba nada... Peor que peor...
Decidí buscar el lugar a puro ojo, cosa bastante dificil pues la visibilidad era malísima. Me dirigí derivando directo a la isla que tenía a sotavento y comencé a rodearla. El VITO es un barquito tan noble y marinero que navega de través, hasta SIN VELAS. Por suerte... Al virar el primer promontorio, el milagro se produjo: ¡Una caletita protegida!
A motor, a los tumbos y casi a tientas, pues la lluvia no me dejaba ver nada, me dirigía a ella, y ¡Por fin! Con el corazón saliéndoseme por las orejas, tiré el ancla y quedé fondeado.
Una vez mas los Dioses del Mar se apiadaron de nosotros, después de jugar un poco al gato y el ratón...
Bueno, pero acá estamos, más o menos bien, pues conozco caletas mejores. Pero podríamos estar peor, paseando por esos roquedales con 40 nudos de viento...
He pasado dos cabos a tierra y un ancla a popa; el viento nos escora un poco y hace un frio de todos los diablos. Los únicos daños a lamentar son: la vela descosida, un salvavidas que se llevó una ola y un balde de adrenalina gastado por el patrón... No es caro.
11 de marzo de 1997.
Sigue el mal tiempo. No para de llover y las ráfagas de viento nos sacuden intermitentemente. Está todo húmedo y gris. Igual mi ánimo. A pesar de que he prendido la estufita y acá dentro está bastante confortable.
Tuve que levantarme a la madrugada, vestirme apresuradamente (ropa de agua incluida), bajar el bote y cambiar la posición de los cabos a tierra, porque si no, "otra vez sopa" : nos íbamos a las piedras. Como para entretenerme. Suerte que estaba amaneciendo y se podía ver.
Ayer cosí la vela, hice pan, arreglé todo el lio que tenía en el barco, comí... Sólo faltaría que mejorase el tiempo para poder seguir. Me falta tán poco para Ushuaia: 150 millas. Y a la vez parece tanto... Puedo tardar 3 días como 10, acá no se puede calcular nada.
Quiero terminar de una vez con esta historia de los canales. Son hermosos, pero tán inhóspitos... Aquí la naturaleza no perdona al humano que la desafía. Hace poco leí que en ninguna de las lenguas de los yaganes, alacalufes y otros indios que habitaban esta zona, existía la palabra ABUELO. Las condiciones de vida que debían sobrellevar eran tán duras que hacían que la espectativa de vida fuese bajísima. Nadie llegaba a conocer a sus nietos, y viceversa.
13 de marzo de l997.
Lat. 54º 52´ Sud
Lon. 70º 17´ Oeste
Sorteo la boya amarilla que indica un bajo fondo justo en la punta de la isla O´Brien. Voy dejando la baliza de la isla Timbales a estribor. A proa aparece entre la bruma la enorme mole de Punta Gutierrez, de la Isla Grande de Tierra del Fuego. El solº que hace exáctamente 4 días que no sale, asoma una puntita como para enterarse DE QUÉ ME RIO...
¡Estoy entrando en el Canal Beagle! ¡Por fin una alegría! Es el último canal que deberé atravesar. Tenía la sensación de que este momento no llegaría nunca.
Escucho mi voz, ajena, como la de un locutor "en off", diciéndole al control chileno que en 2 días más estaré en Puerto Williams.
Todavía no puedo hacerme a la idea que este mundo de islas, rocas, cachiyuyos y soledad, se termina. Durante casi 2 meses he estado inmerso en él, haciendo lo que creo es una de las experiencias más fuertes de mi vida... Ya sacaré conclusiones a su debido momento. Ahora hay buen tiempo, viento favorable y puedo deleitarme mirando los picachos nevados de Tierra del Fuego... Después les cuento.
Seno Garibaldi, 14 de marzo de 1997.
Escribo desde un lugar insólito, mágico. Estoy completamente rodeado de hielo.
Ayer decidí entrar a este seno, sobre el Beagle, en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Tiene unas 10 millas de largo por 1 de ancho. Pasé la noche bien adentro, fondeado detrás de un islote. Había buen tiempo y todo estaba en calma. Hoy, bien temprano, levé el ancla y me dirigí, despacio, a motor, hacia el fondo del seno, donde se encuentra el glaciar. Me separaba de él una barrera de hielos flotantes, pequeños témpanos llamados "gruñones", por el ruido que hacen al golpear contra el casco. Al principio me asustaron los chirridos del hielo rozando el plástico, pues no tenía muy en claro las consecuencias. Me quedé más tranquilo cuando vi que no pasaba nada.
Di vuelta un último recodo y ¡ Oh maravilla! : Una cascada de hielo celeste cayendo a pique desde la montaña hasta el agua y la superficie de ésta toda blanca...
Seguí avanzando hasta que pude. Llegué a donde se cerraba y los témpanos eran tán grandes que no me dejaban pasar.
Desayuné, saqué unas fotos, jugué un poco con el hielo y ahora me estoy dejando derivar hacia la boca del seno. Así no golpeo el barco con los témpanos, y de paso ahorro combustible.
Nos flanquean unos tremendos murallones de piedra negra, mechada de vegetación, de unos 300 metros de altura. El sol reverbera en la nieve de las cumbres que se recortan en el azúl profundo del cielo. Hay un silencio total, solo interrumpido de a ratos por los bramidos de un macho foca, que potenciados por el eco, suenan estruendosos. Este lugar y estos momentos me han reconciliado con la vida... Y un poco con el viaje... Un poco.
Canal Beagle, 15 de marzo de 1997.
Voy navegando en un mar de aceite por el centro del canal. A motor, no hay una gota de viento,a popa la estela se prolonga casi una milla por el Brazo Noroeste, que acabo de transponer.
Estoy condenado a la opción, o buen tiempo o viento. Ha salido el sol, hay cielo celeste y el brillo de los glaciares y las cumbres nevadas es enceguecedor. Los tonos verde de las laderas, el negro y gris del granito, el azulado y blanco de la nieve hacen una perfecta composición de "Mamá Naturaleza". Es la parte más bonita de los canales chilenos.
Canales chilenos dije. Los argentinos tenemos la vaga idea de que, como compartimos la Isla Grande de Tierra del Fuego , lo mismo ocurre con los canales fueguinos. Craso error. Basta mirar la carta: salvo la mitad nororiental del Canal Beagle, el Estrecho de Le Maire, la Isla de los Estados y algunos islotes, la totalidad de las islas y canales del Sud americano, incluyendo el Estrecho de Magallanes en toda su extensión, pertenecen a Chile. Inclusive, la "porción de torta" que estamos acostumbrados a reconocer en los mapas como Antártida Argentina, figura como Sector Antartico Chileno en sus cartas.
Quizá sea un anacronismo, en tiempos de la Globalización, hablar de soberanía en tierras sólo habitadas por pinguinos y focas, pero da la sensación que nuestros gobernantes han sido "harto generosos" con el patrimonio nacional... O parece...
El mismo día, 9,45 horas.
En este preciso momento, teniendo al través el faro que marca la caleta y las Rocas Perón, el Vito, después de 1 año, 7 meses y 15 días de su partida de Mar del Plata, hace ingreso, nuevamente a aguas argentinas. Después de tantas contingencias y aventuras, volvemos juntos al pago. La emoción me llena de lágrimas los ojos. Sensibilizado por el nombre de las rocas derramé una lágrima extra, en honor al fallecido Proyecto Nacional, ese que ahora, los genios del posmodernismo, llaman eufemística y despectívamente "La Utopía". Amén.
1 hora después.
! Estoy pasando frente a Ushuaia! La veo perfecta con los prismáticos; las casitas, los edificios, hasta los autos... En una hora podría estar dándome una ducha caliente en el Club Náutico...Pero...Debo ir a Puerto Williams a dar la salida de Chile. 25 millas que luego deberé desandar...!Ay, Burocracia!!Qué distinto sería el mundo sin tí!
En cuanto a la ducha, he batido lárgamente mi propio récord: ¡ 45 días sin bañarme! Durísima la cosa...
Apareció un poco de viento, !desde la Argentina! paré el motor, y me voy solazando con unos chamamés que pasan por una F.M. de Ushuaia, en esa radio que le cambiamos con Margui a un alemán en el Caribe, por una bicicleta...Ya estoy en casa
Ushuaia, 18 de marzo de 1997.
Cómodamente instalado en un café del centro de esta ciudad, "me pedí una cerveza bien fria..." y termino de escribir esta bitácora.
Releyendo lo escrito anteriormente, y recordando, creo haberlo soñado. Estoy en otro mundo, lo anterior parece de otro planeta, de otra dimensión.
Fueron casi 2 meses y 1700 millas de islas, canales, rocas, corrientes encontradas, williwaws, y soledad. Casi excesivos. Debí realizar un gran esfuerzo tánto fisico como mental. Estas latitudes, con sus condiciones climáticas y geográficas, hacen que navegar en solitario en un barquito poco equipado como el Vito, sea una experiencia muy dura y sacrificada.
Odio mitificar la náutica, y pienso que el sufrimiento en sí mismo no acredita mérito. Pero, esta vez, me resulta muy dificil explicar con palabras los momentos que pasé, las sensaciones que viví, las presiones que tuve que soportar...
Cualquier cosa que cuente, me parece, en fin , que me quedo corto...
Creo que esta vez llegué, realmente al FIN DEL MUNDO.
Y todavía me espera el Cabo de Hornos...
AUTOR: ENRIQUE CELESIA