EL SUR CHILENO - Primera Parte.

 
 

DE VALDIVIA A PUERTO AGUIRRE.

Llegó el momento de decirle adiós a Valdivia. Valdivia " La Linda", a orillas del rio Calle-Calle, "donde se baña la luna", con sus mercados olorosos de mariscos y especias, sus pinares, sus casas coloniales y sus famosos fuertes, erigidos como último bastión español del Pacífico Sur. Tan temidos que espantaron a corsarios bravos como Hawkins, Drake y Cavendish y en los que, precisamente por su fama de inexpugnables, NUNCA se libró ninguna batalla.

En los primeros días de enero de l997, previa una salida fallida, gracias a un pronostico "al revés" (viento S-O por N-O) de la Capitanía de Puertos, transité las 120 millas que me separaban de Chiloe. Serían las últimas millas de mar abierto del Pacífico. Después de Chiloé, salvo un pequeño trecho antes del Golfo de Peñas, me esperaban casi 1700 millas de canales sureños, hasta Ushuaia.

Una sucesión de calmas y vientos "de jeta" me hicieron demorar ¡5 días!. Interminable viaje: dos millones y medio de bordes "cuadrados"(esos que no te llevan a ningún lado) y pantocazos a granel. No quería abrir escotas. Tenía apuro: Cristina, mi novia me esperaba en Puerto Montt.

A mitad de camino, cansado de palos, entré en la Caleta San Pedro, la única que había, con la intención de fondear y descansar. A la luz de la luna, con los ojos "como el dos de oro" y un susto que me acalambraba, me arrimé, a motor, por entre unos islotes, rumbo a los morros negros de la costa. Transpirando frio, trataba de descubrir la traicionera roca, que suponía me estaría esperando. Por suerte no apareció. En donde vi agua calma, con 10 metros de fondo, tiré el ancla, respiré hondo y al levantar la vista vi que estaba amaneciendo... ¡Uf, que nochecita!

Por fin, al promediar el cuarto día, comenzó a soplar del Norte, franco. Pero, por aquí, ya todo es excesivo: a la noche era un viento fuerte, a la madrugada, un ventarrón.

Corriendo con tormentín, unos 40 nudos, en medio de chubascos helados que no me dejaban ver, pasé frente al Control chileno del Faro Corona, sin darles ni los buenos días, y entré en la Bahía de Ancud, Chiloé.

En la primera caleta que encontré, Puerto Inglés, fondié junto a un pesquerito amarillo. Inflé el bote, y mojado, muerto de frio, bajé a tierra. Desde la puerta de una casita de madera, de techo verde, escucho que me dicen: "Venga gringo, pase nomás" ( No hay caso, tengo cara de gringo) Era don Manuel Cárcamo, dueño del barquito y la caleta.

Al rato, cocina económica funcionando a pleno y desayuno, de café con leche, manteca, queso y pan caseros, mediante, vuelvo a reconciliarme con la vida. ¡El Paraiso a la vuelta de la esquina! (De la caleta).

Don Manuel, típico chilote, con un sonrisón permanente en la cara, se ofreció a cuidarme el VITO, le fondeó un anclote de seguridad, y me cargó por mi apuro de viajar a Puerto Montt, en ómnibus, a dar entrada al velero... Y ver a mi novia...

El oficial de guardia de la Capitanía de Puertos no perdió la oportunidad de retarme: 1º No había comunicado mi posición en durante 5 días (llamaba pero nadie me contestaba). 2º No había respondido al llamado del control del Faro Corona (Ni los vi, y estaba ocupado en no irme a pique). 3º Mi mujer me esperaba, angustiada, por las anteriores razones (Habían dado orden de búsqueda , con participación del Consulado Argentino)... ¿Es que nadie escuchó que los veleros tienen destinos, pero no fechas de arribo? Bueno, el VITO ni destino tiene...¡Eramos tan pobres!...

CHILOE

Chiloé es un mundo aparte, un mundo mágico. Casi un subcontinente, por su tamaño, es la primera, desde el Norte, de un millar de islas que componen su archipiélago y los de Chonos, Huichas, Fueguinas, etc.

Alrededor de la Isla Grande, hay 40 islas menores, 35 de ellas habitadas por unas 20.000 personas. Tiene 3 ciudades muy antiguas: Castro, su capital, Ancud, Quellón y un montón de pueblitos tan pintorescos como sus nombres, Chacao, Quemchi, Quicalvi, Tenaum, Achao, Chonchi...

Las casas son de madera, multicolores, la vegetación tupida y desbordante, la gente curtida y hospitalaria. Hasta hace pocos años vivían en un aislamiento casi total. Una línea de transbordadores (ferrry) cruza ahora el canal de Chacao que separa la isla del continente.

A pesar de que el progreso, transbordador mediante, ha introducido el asfalto de su ruta principal, alguna antena parabólica de T.V. y los autos nuevos del los turistas, los chilotes siguen aferrados a sus costumbres y a su cultura heredada de los extinguidos Chonos y los conquistadores españoles. Todavía se ara con bueyes, se come "curanto al hoyo", los vecinos se juntan para botar sus barcas nuevas, se festeja con sus propios bailes y canciones, se bebe chicha de manzana...

Aún mantienen la cultura del "arado y el timón": los mismos que durante medio año cultivan la tierra, el otro medio año salen a pescar los mariscos que les han dado fama, cholgas, locos, picorocos, choros... Sus duendes andan sueltos por ahí: LA FIURA, mujer fea, pero que satisface hasta el desmayo a los hombres. EL TRAUCO, que embaraza adolescentes con solo mirarlas. LA PINCOYA, espléndida mujer de pelo rojo que danza sobre las aguas (si danza mirando al mar, habrá pesca, si mira a la costa no ) y EL CALEUCHE, el barco de los locos, que salva a los pescadores en aprietos, o los conduce a su última morada...

Navegamos desde Ancud, a través del Canal de Chacao, hasta el Golfo de Corcovado. Hay que esperar la marea y el viento; el agua corre a 7 u 8 nudos, y con viento en contra los escarceos son imponentes.

Con viento Noroeste, y marea en ascenso, el VITO va "como el tren"... Es una navegación tensa: un ojo puesto en los remolinos, otro en los transbordadores, que cruzan el canal, a razón de uno cada media hora.

Ya dentro del Golfo, islas verdes, agua azul oscuro, pueblitos multicolores y en las caletas, criaderos de salmones, de riquísimas cholgas, silencio, paz y ya, muy lejos, en el horizonte, hacia el Este, los picos nevados de la cordillera....EL PLACER DE NAVEGAR...

De esta forma "caleteando", como en un sueño, se agota enero. Llegamos a Castro y a la triste despedida. Cristina debe volver al "mundo cotidiano", yo, apurar la marcha: tengo que llegar antes que se acabe el verano a Ushuaia, al Cabo de Hornos... Otra vez perseguir a mis sueños.

Esto es lo que escribí en la bitácora de los días que siguieron:

Puerto Queilén, Chiloé, 3 de febrero de 1997.

Aquí estoy desde ayer a la tardecita. Entré corriendo un vendaval de unos 35 nudos. Casi me trago la barra de entrada, pues la lluvia, por la fuerza del viento, me cascoteaba los ojos y no veía nada. Salí al mediodía de Castro, con viento Norte, favorable, suave. Con el correr de la tarde fue creciendo hasta convertirse en un huracán. Al encajonarse entre las islas parece que es peor, que se potencia. En una parte del recorrido debía salir al Golfo Corcovado y allí había ola formada. Lo pasé bastante mal hasta llegar aquí. Cuando divisé unos barcos fondeados, tiré el ancla y me fui a dormir, mojado, muerto de cansancio. A las 3 de la mañana, escucho golpes...¡Había garreado el ancla y me estaba pegando contra un pesquero, que menos mal que estaba allí, pues si no me voy a la playa!...Lo que se dice un dulce despertar: preparar otra ancla, bajar el bote, fonfear una, sacar otra, etc. etc... En fin, gajes del oficio.

Puerto San Pedro, Chiloé, 5 de febrero de 1997.

He llegado a este lugar que queda en la puntita Sur de Chiloé. "Puerto" es un nombre. En realidad es un canal entre Chiloé y la isla de San Pedro. Bastante protegido y con una gran explotación de salmones.

Cuando llegué, 2 minutos después de fondear un ancla, 12 metros de cadena y 30 de cabo, se aproxima una lancha de la salmonera y su capataza, Miguel, me dice: "Puede agarrarse de la boya, tiene un muerto de 2000 kilos y ahi estará mas seguro..." 2 minutos después...

Cobré todo lo que había tirado (años de vida perdidos) y me agarré a la boya. Buena gente estos chilotes: mientras esperaba el viento, estuve tres días en la salmonera. Me trataron muy bien, y al partir me regalaron 60 litros de nafta para el motor, una bolsa de jaivas(unos cangrejos riquísimos), pan casero, etc., pero, sobretodo, conviví con ellos como si fuera de la familia.

Los progresos que voy haciendo hacia mi destino son lamentables: hago un promedio de 20 mmillas diarias, una calamidad. Deberé aprender a navegar de nuevo... Mejor dicho: DEBERE APRENDER A NAVEGAR AQUI. Por el momento se me está haciendo muy duro. Se acabaron las largas singladuras de los vientos alisios, donde todo se reducía a controlar la navegación, con piloto automático, tomar sol, leer o pensar. Aquí, hay que fondear de noche pues no se puede navegar a ciegas como en el mar abierto, lo cual es una ventaja, pues eso se aprovecha para dormir bien. La desventaja es que el día se reduce a sólo 12 horas de navegación y a la mañana siguiente hay que levar el o las anclas, sacar los cabos a tierra, luchar contra corrientes y vientos erráticos, vigilar piedras y bajíos, subir y bajar velas casi constántemente. Ninguna situación es estable. Se avanza muy lentamente(hoy me llevó todo un día de hacer bordes, un recorrido en línea recta de apenas 20 millas ), pero sobretodo, lo que condiciona todo, es EL FRIO. Ocurre algo elemental: uno no puede mojarse. Eso que en los trópicos no importa o es placentero, aquí es tu peor enemigo. Yo que me duchaba con agua salada y champú... Juro no bañarme hasta volver a Mar del Plata, tendrán que aguantarme... Conclusión: Hay que navegar todo el día con traje de agua y botas. Además de gorro de lana, guantes, pulover y campera de polar... Super incómodo, y aun no llegué adonde REALMENTE HACE FRIO. esto es sólo la antesala... Como les decía: Va a ser muy duro.

La contrapartida es el paisaje imponente de islas verdes con el fondo de la cordillera nevada: ¡HERMOSO! Una de cal y DIEZ de arena. Aquí deberé juntar fuerzas y esperar el viento del Norte: me espera el Golfo de Corcovado, 40 millas de aguas abiertas y de muy mala fama. Una de las fronteras que deberé atravesar... ¿Miedo?, ¿Quién dijo miedo...? Je...Después les cuento.

Caleta solitaria, isla sin nombre, 8 de febrero de l997.

Estoy aquí, fondeado. Por fin paró de llover a baldes, y también paró el viento. De la olla sale un olorcito delicioso: Chupín de jaivas con arroz, un vasito de Concha y Toro Blanco, pan casero... Bueno, en algunos lugares se está peor. La estufita prendida me está secando las pilchas... Me debía algunas gratificaciones pues hoy fue un día muy duro. Salí muy temprano de una caleta en la isla Anita, justo sobre el paralelo 44º. Había desayunado róbalo ahumado con unos pescadores del lugar. Buena gente y muy hospitalaria, como son todos por aquí. Quise devolverles la atención regalándoles un tetrabrik de vino y me contestaron: ¡Alcohol!¡No! Enarbolando una Biblia se asumieron como evangelistas o algo así... Me hicieron dar verguenza, sintiéndome como un vicioso corruptor... Me consolé tomándome yo el vino...

Con viento Norte favorable, pero muy suave y mucha lluvia, me "arrastré" por entre las islas, recorriendo sólo 15 millas en rodo el día. A eso de las 17 hs. intenté recalar en una caleta que en la carta parecía protegida y ¡Oh, sorpresa!: Tenía una pequeña cascada en la entrada, con unos 5 centímetros de calado. Saguí viaje hasta esta isla, pero ya bajo una lluvia torrencial y con el viento rotando al Sud-Oeste, muy frio y arrachado. A motor, casi al tanteo, ya oscuro, entré aquí y fondié. Y luego, a realizar las maniobras habituales de esta zona: Inflar el bote, bajarlo, fondear otra ancla, pasar un cabo a tierra, volver a subir el bote, amarrarlo para que de noche no se vuele, etc.,etc. ¡QUE LABURO! ¡Quiero volver a Angra dos Reis, donde se puede fondear hasta SIN ANCLA!...

De yapa, el tablero eléctrico está todo en corto, le debe haber entrado agua: no funciona nada. Usé la sonda con una precaria instalación de emergencia, con cable directo a la batería... En fin, mientras pueda solucionarlo, no hay problema...

Lo bueno es que transpuse el Golfo Corcovado. Salí a las 12 de la noche de San Pedro y lo madrugué al viento fuerte, con las primeras luces del día estaba del otro lado. Se portó bien el Golfo...Por suerte.

Puerto Aguirre, 10 de febrero de 1997.

Acabo de tirar el ancla en este ignoto pueblito, perdido en el

sur chileno. No son más de 100 casitas de todos colores y un puertito pesquero.

En estos días pasados recorrí 25 millas diarias. Ayer, el viento del Oeste, me obligó a trabajar como un galeote, todo el tiempo. Venían rachas con chubascos helados que acostaban el VITO y le sumergían la banda , y a veces la botavara, en el agua. Debía salir disparado a tomar rizos, enrollar, achicar velas. A los diez minutos se encalmaba y yo, a soltar rizos, desenrollar, etc. Vuelta a soplar, vuelta a rizar, enrrollar, así, sin solución de continuidad.

Llegué a una caleta llamada pomposamente Puerto Francés, que no era ni puerto ni había ningún francés, sólo gaviotas, cormoranes, y algún pinguino... Fondié comí algo y me dormí como un tronco, destruído. Hoy amaneció hermoso: sol radiante, cielo despejado, calorcito...Pero...No había viento... Después de pasar toda la mañana boyando, me aburrí, prendí el motor, y 3 horas después estaba aquí.

Lo que ya me resulta dificil de describir es el paisaje. Son centenares de islas e islotes con una combinación de colores de la vegetación y las piedras, hermosísima. Lo morros de la costa ya no son morros, son montañas: estoy en la Cordillera Sumergida. Por sus valles innundados voy navegando, a la sombra de los picos nevados. Se acabaron las casitas y los barquitos de pescadores, solo el gritode las aves marinas interrumpen el silencio total. Los canales son cada vez mas grandes y mas impresionantes. En este marco majestuoso y salvaje, se acentúa la sensación de soledad... Cómo me hubiera gustado tener con quién compartirlo... (Y de paso que me ayudara con las anclas... Vale.)
 
 

AUTOR: ENRIQUE CELESIA