DE PUERTO AGUIRRE AL ESTRECHO DE MAGALLANES


"Felices aquellos que sueñan sueños y tienen la voluntad de convertirlos en realidad".

Una hilera de casitas multicolores bordeando la costa, algunas más sobre la loma, que domina la bahía, un faro y al virar la punta, el manchón amarillo de las lanchas pescadoras del puerto; al fondo, sobre el verde de los bosques, como una corona resplandeciente, las nieves eternas, de la cordillera de los Andes. Estoy en Puerto Aguirre.

Al aproximarme, desde el muelle se desprende un botecito con una pareja a bordo. "Vito, Enrique, bienvenido, te estábamos esperando". No puedo creerlo...? Quién me conoce y además me espera, en este confín, "donde el Diablo perdió el poncho". Son Mariolina y Giorgio, del Saudade, un ketch italiano que pasó rumbo al Sur, por Mar del Plata. Mi hijo Felipe les había hecho una nota para el diario La Capital, y nos conocíamos sin conocernos. Bob & Carol, del Elixir, unos yanquis que encontré en Castro, les habían avisado por B.L.U., de mi llegada.

Estas casualidades, no tan casuales, forman parte del encanto del mundo de los navegantes. En Valdivia encontré al Morgane, de Ives y Florence, que estaban rodeando América del Sur en sentido contrario al mío; los conocía de San Isidro ( trabajaban en la escuela de vela, con Toni Lopez), y ahora volvía a encontrarlos del otro lado del mapa. Lo mismo me pasó con el Mono Damilano y Carolina, del Mago: nos vimos en Angra Dos Reis a la ida y en Ushuaia a la vuelta. Se va tejiendo de puerto en puerto, de amarra en amarra, una red de amistades, camaraderías y"saudades"...Yo conocía de oídas a Laurent y Sonia del Timsha ( famosos por su récord, más largo, de 55 días desde Ushuaia a Punta Arenas), y los encontré en Valdivia; el gordo Pedrão, alguna vez corrió una Buenos Aires- Río con Ricky Homps...Se mandan saludos, se intercambian cartas, se cuentan chismes...

Aprovecho la "bolada"; cuando se encuentran una pareja con un solitario, aflora el instinto maternal, y , generalmente, éste último resulta beneficiado con una cena "como la gente". Así ocurre, efectivamente, y no sólo disfruto de una buena pasta "alla italiana", sino también de la hospitalidad de Giorgio y Mariolina y de una lista de 60 caletas, con sus coordenadas, y datos para recalar en ellas, que me fueron de vital utilidad.

Me despido de los amigos, y sigo hacia el Sur. Me espera un extenso recorrido .Un menú de nombres en la carta, que luego se irán materializando en millas y millas de canales, cientos de islas e islotes, rocas amenazadoras y caletas de ensueño, condimentado por williwaws, escarceos, remolinos y cachiyuyos. Canales Moraleda, Pérez Norte, Chacabuco, Palluche; islas Humos, Darwin, Guerrero, El Amortajado; Boca Wicam, Bahía Ana Pink... Hay que fondear todas las noches, con la rutina de bajar el bote ( hay días que no puedo hacerlo tocar el agua pues vuela como un barrilete), pasar cabos a tierra, etc.

Por aquí hay que salir al mar abierto, no hay paso por el interior ; y luego cruzar el Golfo de Peñas, o de Penas, como lo llaman, "por mal nombre". Ya estoy en una zona conocida por sus temporales. Son unas 100 millas que deberé encarar "a cara de perro", hasta poder internarme, por el Messier, del otro lado del Golfo, en un nuevo dédalo de canales, que me llevarán a Puerto Edén.

Debo rodear cuatro penínsulas: Skyring, Duende, Taitao, y Tres Montes, y sólo tengo dos fondeaderos posibles, Caleta Cliff y Estero Cono ( con un perfecto cono de piedra marcando su entrada).

Con viento Sur, suave pero de proa, bordejeo todo el día hasta llegar a Cliff. Allí encuentro dos barquitos bacaladeros que están esperando: "...que se vayan las ballenas"...? Desde cuando las ballenas comen bacalao?; me explican: un grupo de ballenas de la zona ( probablemente cachalotes), se han dado cuenta que pueden sobrevivir comiendo los bacalaos que estos buenos muchachos pescan; se instalan a una profundidad de 20 o 30 metros, donde nada pueden hacer ellos par impedirlo, y a medida que el espinel vertical va subiendo se roban, uno a uno los pescados...Avivadas las ballenas...Serán producto de la globalización?...

Los pescadores me invitan con un cebiche buenísimo, como con diez variedades de mariscos con garantía de libres de "marea roja" -"Si tuvieran, ya estaríamos todos muertos..." Bromean. Yo pongo el vino y compartimos una velada con historias de pesca y navegadas. Se cruzaron con el Elixir, y quedaron encantados con Carol...

Al día siguiente sigo haciendo bordes, y cuando estoy casi al través del cabo Tres Montes, pensando:" Ahora viene lo bueno, viento franco", miro al Oeste, y ! Ay! veo el característico "cigarro negro" de una depresión que se acerca a toda velocidad. A poco me alcanza, y tormentín mediante, huyo, buscando el sotavento de la península.

Rachas de 30 o 40 nudos, chubascos de granizo, lluvia que no me deja ver nada, una delicia...

Sigo corriendo en popa, mientras la noche va cayendo, tratando de ganarle a la oscuridad, con el temporal si visos de amainar. Casi a las 10 de la noche, a tientas, me arrimo a la costa, a fondear en el surgidero Stokes, una muesca en la carta, que no llega a ser caleta. Con el resplandor de un relámpago veo en mi proa un banco de cachiyuyos. Se me eriza la piel, ! Un bajofondo!...Antes de poder hacer nada, la quilla del Vito hace ! TOC, TOC, TOC !, sobre una piedra, y cae al otro lado, !Zafamos!; un minuto más tarde ya he tirado el ancla y 30 metros de cadena...Pobre barquito mío...Mañana será otro día...

Al amanecer, un poco ya calmado el viento, y protegido por la costa, busco un fondeadero más seguro: Puerto Barroso, en el fiordo Holloway.

Allí paso 3 días esperando el buen tiempo, pero no estoy solo: me acompaña una bandada de cauquenes, los gansos australes; un macho blanco y 10 hembras grises. Debo confesar que estuve tentado de echar alguno a la olla, pero eran tan mansos y confiados que me hubiera sentido muy culpable... Con el viento Norte, decido partir. Como es habitual por aquí, el Norte comienza suavemente, y al promediar la tarde se convierte en ventarrón. Termino de cruzar el maldito Golfo, "palo y palo", corriendo en popa; y llego, también de noche, a un dudoso fondeadero, llamado Puerto Ballenas. Los fareros del Faro San Pedro, uno de los muchos controles de tráfico chilenos, que tiene esta llamada Ruta Comercial, me ven pasar entre brumas, me piden identificación y me desean buen viaje. Nuevamente, dentro de la protección de los canales, navego sin novedad por el Messier, y en un par de días atravieso la Angostura Inglesa, un paso de menos de 100 metros de ancho, en el que hay obligación de llamar por V.H.F., cuando se va a efectuar el cruce, por si viene otro barco en sentido contrario. Esto es importante para los grandes buques, pero podrían pasar 10 Vitos a la vez. El 26 de febrero de 1997, al cumplirse 15 días de haber zarpado de Puerto Aguirre, arribo a Puerto Edén, la última población humana que tocaré hasta el Beagle. Es un pueblito formado por unas 30 casitas bordeando una bahía. Ni siquiera tiene calle; una pasarela de madera recorre el perímetro de la costa y todas las casas tienen acceso por ella. Sus pobladores, gente curtida, silenciosa, pero amigable, viven de la pesca de mariscos ( buceados en las gélidas aguas de los glaciares), o de la madera. Un transbordador, que viene de Punta Arenas una vez por mes, los comunica con el mundo; trae y lleva correspondencia, mercaderías, combustible, etc. Es difícil imaginar las razones por las que esta gente se aferra a una vida de sobrevivientes, en condiciones tan extremas. En invierno la bahía se congela y ni el ferry puede llegar. Algunos, me cuentan, emigran para probar fortuna a Punta Arenas, Comodoro Rivadavia o Ushuaia, pero, casi siempre vuelven ,a sus bosques, a sus glaciares, a su tierra...Quizás no sea simplemente un nombre...tal vez ellos hayan encontrado allí su verdadero Edén...

Encuentro al Nicole-Spain, un buen velero, muy equipado, del alemán Kurt; todo un personaje, ha vivido la mitad de su vida en Andalucía, toca la guitarra, el acordeón, canta, compone y convierte en fiesta cuanto le rodea. Junto a algunos vecinos del lugar, compartimos un " curanto a la olla", una cajas de vino, y el amanecer nos sorprende cantando...

Pero yo quiero seguir, me urge llegar a Ushuaia; chau Kurt, chau amigos, chau Puerto Edén. Todavía me faltan 500 millas de canales , esto es largo...

Canal Concepción, 1 de marzo de 1997.

Lat. 50º 08 Sud

Lon. 74º 41 Oeste

Es la primera vez que puedo escribir mientras navego. Hace 2 días que salí de Puerto Edén; hay sol radiante, viento suave, franco, corriente a favor, está todo seco...! No lo puedo creer..! Con las velas en "oreja de burro", el timón de viento funciona, no hay ola...No quiero ni pensarlo fuerte, a ver si se arrepienten...Ayer recorrí 45 millas, y hoy, si esto sigue así, haré lo mismo o más. Por fin un poco de bonanza, creo que me lo merecía; después de sufrir tantos días, estaba bastante desmoralizado. Pudiendo recorrer 30 millas diarias de promedio, llegaría en 15 días a Ushuaia, que es bastante diferente al mes largo que me proponía. Veremos, no quiero cantar victoria antes de tiempo...

El paisaje se hace cada vez más imponente; las montañas son más altas y hay más picos nevados en los alrededores. He llegado a la zona de los ventisqueros, pero, para poder verlos, debería salir de la ruta unas 30 millas. Esperaré , pues, más al Sur, en el Beagle, estaré más cerca, y no hay que desviarse para verlos. De todas maneras es bellísima la combinación del mar azul con las islas verdes, coronadas con el gris del granito y el blanco deslumbrante de la nieve. Bendigo al sol que me permite ver todo. He pasado semanas envuelto en una bruma fría y pegajosa. Los canales se han ensanchado; por aquí tienen varias millas de ancho; el lugar es enorme, y se divisa sólo cielo y agua en varias direcciones. Debo estar atento y seguir el hilo de los faros, y consultar constantemente la carta, para no perderme en este laberinto; estoy en el Golfo Trinidad. En el tramo anterior, hasta llegar aquí, los pasos entre isla e isla eran mucho más estrechos; ayer crucé un lugar llamado Pasaje del Abismo, de menos de 100 metros de ancho, bordeado por dos verdaderos precipicios de 300 metros de altura ; realmente impresionante...

Lo que no les quiero contar es lo difícil de navegar a vela por aquí; el viento bornea constantemente, se encalma, arrecia sin avisar, en fin, un lío, pero lo sobrellevaremos... Ahora, con espacios más grandes, parece más sencillo. Varias ballenas me han "julepeado" con sus resoplidos cerquita del barco. Además hay delfines, lobos marinos, pingüinos y pájaros marinos de todas clases, pero gente...;NADA. ! Anoche, fondeado en una caleta , rodeado de esas tremendas montañas, que la oscuridad hace parecer más grandes, pensaba en eso... !Qué soledad! Creo que en el medio del mar no se nota tanto. Recién hoy me crucé con un convoy de lanchas cholgueras, a remolque de un barquito. La muchachada me saludó con gritos de !Vamos "Che"!. Les contesté con augurios de buena pesca y algunos "sapucai".

Canal Smith, 5 de marzo de l997.

En este momento, con el Cabo Tamar al través, a babor, el Vito hace ingreso al Paso del Mar , del ESTRECHO DE MAGALLANES. ! Grande, el Vito! ! Por fin ! Creí que no llegaríamos nunca.

En realidad, hemos llegado aquí, antes de lo previsto; estos últimos días hubo viento Norte y Noroeste, que nos hizo avanzar más de la cuenta, pero a costa de trabajar duramente. Un viento de popa de 25 a 30 nudos, cambiante, que me obligaba a trabuchar cada 5 minutos, poner el tangón, sacarlo, enrollar, desenrollar... También trabé conocimiento con los famosos williwaws, una forma de viento que se descuelga de la montaña a 50 o 60 nudos, sin avisar, y sin anestesia...Ayer me dieron una "acostada" (iba con toda la vela), y se metió el cokcpit en el agua...Por suerte no se rompió nada , sólo quedó el susto...

La única ventaja de estos canales es que no hay ola. Entonces, cuidando las velas se puede navegar con cualquier intensidad de viento. Como quiero llegar rápido, me lo he tomado como ir a la escuela : salgo todas las mañanas, así se venga el mundo abajo... Con los dientes tan apretados que a la noche ( entre otras cosas), me duelen las mandíbulas. Corro todos los días lo que he dado en llamar la "Regata de la Luz": Debo llegar antes de que anochezca a la caleta que me he fijado como meta ( tengo una lista de más de 80, cartografiadas, que me dieron Ives y Giorgio). Cuando voy llegando, si todavía hay luz diurna, me fijo en la próxima, que puede estar a 5 o 10 millas más adelante, y de acuerdo a las condiciones de viento reinantes, me juego a llegar a la otra, y si puedo a la otra...y así... Esto me hace ganar distancias y elevar el promedio de millas diarias, aunque a veces signifique el susto de llegar de noche y al tanteo... Así fue que ayer hice todo un récord de 55 millas, pero ! a qué precio!; hoy no me podía levantar de la cucheta...

Navego por el centro del Estrecho, el lugar es inmenso, de más de 5 millas de ancho y el panorama realmente abrumador: Moles de granito gris con un poco de verde amarillento. Ha desaparecido el bosque tupido de los canales, los picos más altos están cubiertos de nieve, y en el medio, una inmensa extensión de agua azul profundo. Pienso que este mismo paisaje, virgen aun, habrá sido el mismo que contemplaron Magallanes con sus tripulantes, que lo descubrieron y recorrieron, a pura vela, sin motor, sin cartas, sin instrumentos...Bueno, casi como yo... ? Tampoco tendrían plata?
 
 

AUTOR: ENRIQUE CELESIA